lunes, 31 de diciembre de 2007

Se fue el año

Se fue el año. Tiempo de balances, de proyectos, de arrepentimientos, de promesas. Tiempo de reflexión para atrás y para adelante. La frase más repetida por estos días es “Parece mentira” pero no por repetida deja de ser cierta.
No se por qué pero los años me parecen más cortos. Cuando era más chico un año era un año y dentro de él cabían muchísimas cosas. Últimamente es como que duraran menos y ojo que no me refiero a la hora que adelantamos ayer. No se, se me hace difícil explicarlo. No es que no hayan pasado cosas en estos 365 días ¡Si hasta nevó en todo el país! Tal vez sea que no alcanzamos a vivirlas con la intensidad que las cosas se merecen.
La nevada, por ejemplo, recuerdo que eran las nueve y pico de la noche, cenábamos con amigos en la casa de uno de ellos y mirábamos por la ventana cómo todo se iba poniendo blanco, cada vez más. Pastas, vino tinto, las discusiones de siempre y yo que repetía que tenía la sensación de que estábamos ante algo que podría ser histórico y no estábamos haciendo nada fuera de lo común. Sacamos algunas fotos nos tiramos algunas bolas de nieve y eso fue todo. ¿Qué más se podía hacer? No lo sé, ese es el problema, el tiempo pasa y no lo podemos atrapar, pasa y sólo pasa.
Manu empezó y terminó primer grado. Y ya está, sólo quedaron algunos cuadernos, la fotocopia del boletín, un guardapolvo destrozado y parece que nada más. Sin embargo aprendió a leer, a escribir, a sumar y a restar. ¿Qué puede haber más trascendente en su vida que haber aprendido eso? Hace exactamente un año, nada más que un año no sabía hacer ninguna de esas cosas. Puede parecer pavo para muchos, pero con 6 años dejó de ser analfabeto en un mundo en el que miles y miles mueren de viejos siéndolo. Y sin embargo ya pasó.
Trato de explicar lo que siento y no lo consigo. No aclares que oscurece dice el dicho.
Por otro lado miro para atrás y veo que todo lo que tendría que haber cambiado sigue igual en el mejor de los casos. No crecí en materia laboral, no me puse a estudiar nada, sigo alquilando, la plata me alcanza para menos, los proyectos siguen en el mismo lugar que hace un año y no hay vistas de que se realicen, otro brindis más prometiendo que este año si voy a hacer alguna actividad física. Y entonces uno ve que pasaron tantas cosas y sin embargo no ha pasado nada.
Tal vez sea que cada vez más nos incitan a buscar más, a sentir que nada alcanza, pero no nos exigen que seamos mejores, que crezcamos; es más podría decirse que nos prohíben serlo. Nos engañan haciéndonos creer que lo importante es el éxito, el consumo, los logros materiales, nos imponen metas que siempre se mueven para adelante y por lo tanto no nos permiten superarlas ni superarnos y nos transforman los pequeños logros en frustraciones, los sentimientos en superfluidades, los sueños en banalidades, el amor en nimiedad, la solidaridad en tontería.
Hace unos días recibía el e mail de un amigo con una lista de cosas que bien podrían ser deseadas a nuestros seres queridos al levantar las copas. Lo comparto con ustedes más abajo. Ya lo se, parecerá un anotador de Sarah Kay, el diario íntimo de una quinceañera, sin embargo no tendría que ser así. La vida no vale la pena por la cantidad de habitaciones que tenga tu casa o el modelo de tu auto, al final de todo, o al menos al final del año, lo importante, lo que nos va a arrancar una sonrisa al recordarlo, son las cosas más simples, las que deberían ser cotidianas y no lo son precisamente porque las “cosas serias” no nos dejan el tiempo para disfrutarlas.
Este año me relacioné con muchas personas a partir de que en febrero comencé a escribir el blog. Decididamente no me ha traído ninguna mejora a nivel material. Sin embargo creo que me abrió la cabeza, me permitió crecer, compartí sentimientos con otra gente a la que seguramente nunca veré en persona pero de la que de otra manera nunca me hubiera enterado que existía. Pasarán muchos brindis de fin de año y los blogs probablemente sean cambiados por otras formas de comunicación, pero lo importante, como siempre, será la esencia, que es precisamente la comunicación, el saberse parte de un todo, el entender que del otro lado siempre hay alguien, que aquello que hagamos puede alegrarlo o perjudicarlo y que ese sea el parámetro para decir si finalmente lo hacemos o no. Que entendamos que no puede haber nada bueno para uno si no es bueno para todos, que el crecimiento tiene que ser colectivo o no será.
Los años pasan cada vez más rápido, se nos escapan, se escurren entre los dedos y parecen no dejarnos nada. Si conseguimos darle importancia a las pequeñas cosas que nos hacen felices día a día, si podemos disfrutar de lo que hacemos y podemos hacer lo que realmente queremos entonces los años volverán a durar lo mismo que duraban antes, cuando éramos chicos y sólo le dábamos trascendencia a lo que nos hacía felices. Los balances serán siempre positivos si los deseos tiene más que ver con las sensaciones que con los números. Ese es uno de mis deseos para este año que empieza. Ojalá se cumplan los de todos ustedes. Felicidades, vino tinto y comida rica para todos.
Hasta el año que viene.


Mejores momentos de la vida:
Enamorarse.
Reírse hasta que te duela la panza.
Encontrar miles de mails cuando vuelves de las vacaciones.
Manejar por algún lugar lindo.
Escuchar tu canción favorita en la radio.
Acostarte en tu cama y escuchar como llueve afuera.
Salir de la ducha y encontrar que la toalla está calentita.
Aprobar tu último examen.
Recibir una llamada de alguien que hace mucho no ves.
Una buena conversación.
Encontrar plata en un pantalón que no usabas desde el año pasado.
Reírse de uno mismo.
Llamadas a la medianoche que duran horas.
Reírse sin motivos.
Escuchar accidentalmente que alguien dice algo bueno de ti.
Despertarte y darte cuenta que todavía podías dormir un par de horas.
Escuchar la canción que te hace recordar a "esa" persona especial.
Ser parte de un equipo.
El primer beso (y el último).
Hacer nuevos amigos.
Sentir cosquillas en la panza cada vez que ves a "esa" persona.
Pasar horas con tus amigos.
Ver reír a las personas que amas.
Usar el sweater de la persona que te gusta y que todavía huela a su perfume.
Volver a ver a un viejo amigo y sentir que las cosas no cambiaron.
Mirar un atardecer.
Que alguien te diga que te quiere.
Sentir el olor a lluvia antes que lleguen las nubes.
Estar en el mar y sentirte vivo.
Que el viento te emocione.
Prepararte un mate, compartir un mate.
Saber que si te sentís solo tenés a quien llamar.
Las caricias y abrazos de la gente que querés.
Encontrarte en la profundidad de la mirada de la persona que tanto querés.
El olor del pan caliente…

2 comentarios:

Marta dijo...

Con mis contemporáneas amigas hemos llegado a la conclusión de que la velocidad con que pasa el tiempo tiene relación directa con la edad: cuando éramos chicos las energías eran tantas que aprovechábamos sin cansarnos cada segundo y todavía nos quedaba resto. El tiempo era usado para hacer cosas que nos insumían minutos, y podíamos hacer muchísimas en sólo un día. Las responsabilidades pasaban por cuatro horas de escuela, que incluían los recreos y la diversión, y tal vez alguna otra actividad extra escolar, que practicábamos con placer. Vamos creciendo, y las obligaciones crecen con nosotros, las preocupaciones también, y las necesidades junto con ellas, por lo que los días nos resultan cortos para hacer todo. A eso se le agrega el cansancio natural que va produciendo la edad ... "pensar que yo antes daba vuelta la casa en dos horas, y ahora limpio un piso y me tengo que sentar" por ejemplo (a mí me pasa) ... Por eso hay que disfrutar la mayor parte de las cosas que figuran en el listado siempre que se pueda, y muchas otras que se nos puedan ocurrir.
¡¡ MUY FELIZ 2008 !!!

kiri-dido dijo...

Te entiendo perfectamente. A mi me pasa eso...y me da rabia no aprovechar el tiempo, no hacer cosas que antes me gustaba hacer. Algunas veces pienso, un día más, una semana más, un mes más y nada de lo que he hecho ha valido la pena de ser recordado. Me pasó lo mismo con el blog, lo abrí porque me sentía rara, nada había que pudiera descubrir...y ahora estoy encantada. Yo creo que la solución es seguir siendo niños y olvidarnos cada tanto de que no lo somos. Un beso y sigamos riéndonos como a los 10, 15 o 20.