jueves, 6 de diciembre de 2007

La Navidad del Tío

Las revistas Anteojito de Navidad y fin de año eran las más lindas de todas. Eran números así de gordos, traían cualquier cantidad de publicidades a todo color de los mejores juguetes de la época, pesebres y adornos troquelados o para recortar, láminas alusivas, villancicos, juegos con todos los personajes de García Ferré disfrazados de Papá Noel, o los reyes y unas tapas hermosas en las que por lo general al tío y el sobrino se sumaban también los demás amigos de Trulalá. Por supuesto no iban a perderse la oportunidad del disco así que aprovecharon que tenían grabada por Anteojito una versión de Ben Molar de Noche de paz, le sumaron Chiu Chiu, Mi vaca Lechera y Doce cascabeles y ya estaba el simple para las fiestas. Es rara la relación entre este tío y este sobrino, en este caso, por ejemplo, el Papá Noel es Anteojito, cuando debería haber sido lo contrario.
Y ya que hablamos de tíos voy a recordar otra vez a mi tío Rubén, tan fanático de los fuegos artificiales que buscaba en nosotros, sus sobrinos más chicos, la complicidad y la excusa para despacharse a gusto con bengalas, cañitas voladoras y todo tipo de conos o rueditas que giraban echando luces multicolores y olor a pólvora. No era de los que les gustaban los cohetes bochincheros, sino que lo de él eran las luces.
Compraba con tiempo todo el arsenal y la tarde del 24 la dedicaba a preparar el escenario. Enterraba en el fondo los caños de cortina que servirían de plataforma de despegue para las cañitas voladoras y los palos largos donde se clavaban las rueditas que van cambiando de color a medida que el fuego de una enciende a la otra.
Las prendía y salía corriendo como si las cañitas fueran el Challenger y el resto dinamitas marca ACME. Y disfrutaba más que los chicos mirando lo lejos que llegaban.
No Se qué pasará en el resto del país, pero la ciudad de La Plata tiene toda una tradición con los fuegos artificiales. Varios días antes de las fiestas comienzan a escucharse los cohetes y el 25, cuando el reloj marca las doce el cielo se pinta de miles de colores y explosiones y cientos de globos cruzan la ciudad de un lado al otro. Esto sin contar los muñecos que se queman para fin de año a los que voy a referirme más a fin de mes. Dicen por ahí que la tradición del fuego apunta a quemar los malos momentos, sin embargo a mi me traen el recuerdo de aquellas navidades disfrutadas de chico en el fondo de lo de mis abuelos o de mis tíos con mi tío corriendo a refugiarse y nosotros haciéndole la gamba para que disfrute usándonos como excusa.
Hasta la próxima.

2 comentarios:

Marta dijo...

¡¡ Cómo disfrutaba Ruben con la pirotecnia !! ¡¡ Y cómo protestaba Marisa, porque decía que a esa plata no la gastaba, la quemaba !! Cuando conocí a ese querido cuñado recién me ponía de novia con papá, y Ruben y Marisa ya tenían a su primera hija bebé. Ahí fue cuando encontró la excusa ideal para comenzar con los fuegos artificiales. Al ir creciendo sus hijos fueron naciendo vos y tus hermanos, así que su espectáculo mejoró y se amplió año tras año. Por suerte para él, cuando ustedes también crecieron llegó su primer nieto, y nadie podía discutirle que lo hacía "por los chicos".
¡¡ La panzada que debe hacerse desde su nube especial mirando los fuegos artificiales de todo el mundo, durante 24 hs !!!!!

Melissa dijo...

Que buena tapa tiene este disco.
Saludos