jueves, 15 de noviembre de 2007

“Inclusive, según el poeta, el amor con los años desaparece...”

“El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos” cantaba Pablo Milanés desde Cuba en el 80. Unos años después Luca tomaba el guante en Hurlingham o el Abasto y la re versionaba en “El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos”. La de Milanés fue un himno en aquellos años de amanecer democrático, la de Prodan fue una premonición, una de aquellas miradas esclarecedoras del pelado que nosotros no estábamos en condiciones de comprender todavía. Escuchándolo hablar de los políticos argentinos o de Ceratti, o del rock nacional en general, uno lamenta su muerte tanto como cuando escucha su música. Aunque como todos sabemos Luca not dead.
Caminaba ayer con mi nuevo celular de menos de una semana vibrando en mi cintura mientras escuchaba a Manu Chao en mi diminuto MP3 y pensé en esto mientras le agradecía a alguien por mensaje de texto una información que me había mandado por email. ¿Quién te ha visto y quién te ve?
Sin embargo es la frase original la que me lleva a escribir. El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Viejos, no grandes. Los chicos se ponen grandes. Nosotros, los adultos no crecemos, envejecemos.
La propaganda dice que no todos los signos del paso del tiempo son preocupantes. Sin dudas. Sin embargo todo se hace más difícil. Cuando era chico podía comerme un pollo entero, o cuatro milanesas con papas fritas, vivir a pizza y Coca Cola y darme el lujo de despreciar las verduras. Ahora desayuno cuatro tostadas con queso blanco porque vengo de un mes de muchos cumpleaños y hasta creo que es rico. Cuando era chico tenía las orejas como dos parapentes y usaba el pelo medio largo para disimularlas. Soñaba con tener el pelo corto. Cuando a los 17 años me operaron y las llevaron a una posición más normal no esperé a que me sacaran los puntos y dejé mi cabeza casi como una rodilla. Ayer, cuando el peluquero me decía que tendría que usar el pelo más largo para tapar los espacios que quedaron vacíos añoré aquella melena ridícula
Les comentaba el otro día que nos juntaríamos con mis amigos de la adolescencia después de mucho tiempo. Se nos hace casi imposible. Antes ni había que avisar, iba hasta la casa de Julieta, o de Alejandra y sabía que estarían ahí, pasaba por lo de Gabriela y me llamaba desde la ventana, Nucho estaba siempre en lo de los abuelos, Pablo y Papón llegaban antes de la tardecita a ver a sus novias. Para organizar un partido de fútbol alcanzaba con una pelota y para armar una fiesta sobraban casas, cassettes, cocas y sanguchitos. Hoy no podemos ponernos de acuerdo. Por teléfono, Chat, mensajes de texto o email no podemos encontrar un lugar y un día para reunirnos. O porque somos muchos, o porque no podemos confirmar, o porque no sabemos con quien dejar los chicos o porque es mi aniversario de casado. Algo tan simple como reunirse a compartir un buen vino tinto y una picada se hace cuesta arriba.
¿Por qué será que el envejecimiento y la tecnología nos complican más que lo que nos ayudan?
Particularmente no soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. Me pasé la vida escuchando que antes se leía más porque no había televisión, que el fútbol de antes era mejor porque no había tanta táctica, que se vivía más tranquilo y no se estaba tan pendiente de lo superfluo, que no había estrés ni urgencias y que había más tiempo para lo importante. Sin embargo sospecho que ese discurso existió siempre y es patrimonio del que ya no puede hacer lo que antes hacía y añora su juventud.
Ojalá recordara de quién era el apunte que leía en periodismo y que describía la década del 20 nombrando a los bólidos que desarrollaban velocidades tremendas de hasta 30 Km. por hora. Seguramente en aquella época desde su carreta alguien diría también “mira como andan esos, así se matan después en una esquina y hay que pagarlos por buenos”. O recuerdo también a Mafalda, en los 60 diciendo que como siempre lo urgente no deja tiempo para lo importante. Y si nos ponemos a pensar, esos tiempos son los que nuestros abuelos o nuestros padres nos pintaron como el tiempo ideal que se ha perdido.
Creo entonces (hoy lo creo, mañana no se) que no son los tiempos sino las edades las que nos van quitando cosas. Y ojo que no hablo del pelo, de correr el micro sin agitarnos o de poner el pie arriba de una silla para atarnos los cordones en vez de agacharnos. Hablo del tiempo compartido con la gente que queremos, de las prioridades, de saber que siempre va a ser mejor y más valiosa una hora de charla y distensión con amigos que una hora de trabajo por más rentable que sea; un paseo con tu hijo que cualquier Work Meeting, o una noche con tu pareja que acostarse temprano para madrugar. Hablo de que hace más de 15 años disfrutaba comerme un pollo porque total después iba en bicicleta a todos lados y no engordaba y ahora como tostadas porque hago más rápido en auto. Hablo de pensar las vacaciones como un descanso merecido y no como tiempo improductivo. Pienso en sentarse a escribir en una carta (o en un e mail) lo que tenemos ganas de decir, lo que sentimos, lo que pensamos y no en un ínfimo mensajito de texto lo que necesitamos.
Por supuesto uno conoce, asume y cumple sus obligaciones, lo que me permito ponerme a pensar es hasta qué punto son más importantes que lo otro y sobre todo qué sentido tiene ocuparse de ellas full time si con las 8 horas alcanza. Si lo hacemos se me ocurre que tal vez eso haga que, como los chicos, en vez de envejecer crezcamos.
En fin, por ahí me pegó demasiado el corte de pelo o el queso blanco tenga contraindicaciones o efectos secundarios, pero de verdad me pone mal esto de ver que la vida pasa y no hacemos nada para detenerla, agarrarla fuerte y disfrutarla. Porque si uno se pone a pensar la vida está llena de momentos hermosos, sólo tenemos que decidirnos a disfrutarlos.
A la que le podríamos preguntar sobre el paso del tiempo es a nuestra protagonista de hoy. Lorena Paola apareció con su look Mis Piggy en Crecer con papá y a la edad en que la sociedad juzga que los gorditos dejan de ser simpáticos para pasar a ser impresentables perdió toda la fama que había podido conseguir. Reapareció varios años después tratando de ser cantante y conductora aunque ya sea por falta de talento o porque la gente no le perdonó su pasado nuca volvió a tener la trascendencia de antaño. En estos discos se la puede ver en sus dos facetas allá por 1982, rechonchona y cantando canciones como: Crecer con papá y Soldadito amigo, un tema pro dictadura de Palito Ortega y Lalo Fransen y en 1991 en su disco De aquí en más, con su nueva imagen de pretendida come hombres interpretando impresentables temas con ritmo tropical. Vaya uno a saber en qué etapa ella fue más feliz. Lo cierto es que más allá del paso de los años nunca aprendió a cantar.
Hasta la próxima.

Vamos viviendo,
viendo las horas, que van muriendo,
las viejas discusiones
se van perdiendo entre las razones.
A todo dices que sí,
a nada digo que no,
para poder construir la tremenda armonía
que pone viejos los corazones.

5 comentarios:

Angel de la soledad dijo...

Como dicen por ahí....La vejez está a la vuelta de la esquina,állí donde uno menos se imagina,se nos presenta por primera vez.La vejez es la mas dura de las dictaduras.la grave ceremonia de clausura,de lo que fué la juventud alguna vez...


Somos parte del mundo,y con el experimentamos modificaciones,todo depende de como tenemos ganas de vivir para poder llevarnos bien con el.Cuesta ,pero se hace lo que se puede.
Por suerte puedo aún agacharme y atarme los cordones de mis zapatillas,estilo floricienta,mi rostro tiene lineas de expresión que llevo con orgullo ,por que cada una de ellas representa lo vivido.¡¡y hasta comer un kilo de helado sin que al día siguiente me duela el estómago,tengo mis años, no tantos ...pero también los llevo con orgullo.
Usted tiene razón...La vida está llena de momentos hermosos,solo tenemos que decidirnos en disfrutarla,y vivir con los que nos toca.Es la única forma de vivir con dignidad.
Lo felicito por el post de hoy,y el disco nunca lo escuché
Exitos.

marianart dijo...

Muy buena entrada!!!! (me refiero a lo escrito jajajaja!).
Hace unos dias me quede sin celular por una semana. No les puedo explicar la libertad que senti.
El mismo celular que suena en cualquier momento; en una charla; en el trabajo, en momentos inoportunos y que uno se siente culpable si no lo atiende porque a lo mejor es algo importante. Lo peor es quienes dicen: aguantame que mando un mensajito. Y cortan la charla por enviar un par de palabras que no dicen mucho. Y al final; la comunicacion "incomunica".
Por otro lado; el otro dia mirabamos con Pacha un informe sobre la Creamfields. No pudimos evitar los comentarios del tipo "que boludos estos pibes". Y Pacha mas categorico aun termino diciendo:_Es que estamos viejos...
Un abrazo

El Metepúa dijo...

JA JA JA Mirá que graciosa la profe. Saludos.

K.Chivache dijo...

Pero la cara de Miss Piggy no se la pudo sacar nunca...
Salu2

Marta dijo...

Hoy, con tu papá, cumplimos 47 años de habernos conocido en un malón. Le avisé que tenía que decirme "Feliz aniversario". El, como siempre (porque nunca recordó ninguna fecha) me contestó: "Estaba esperando a que me lo dijeras, para saber si te habías acordado". Y recordó cada detalle de aquella fiesta, desde la que nunca nos pudimos separar, para bien o para mal.