martes, 13 de noviembre de 2007

De amigos, reuniones y cumpleaños...

Siempre que llovió paró dice el dicho, también podría decirse al revés “siempre que paró llovió”, pero en este caso no se tiene la absoluta certeza que sea así la última vez. Aunque en un día de sol, uno sospecha que tarde o temprano volverá a caer agua del cielo.
Con los verdaderos amigos pasa algo similar van y vienen, se alejan y vuelven. Algunos por suerte tardan en alejarse, otros desgraciadamente tardan en volver. Uno transita la vida buscando amigos, por gustos, por afinidad o por misteriosos motivos en cada lugar en el que entra busca y casi siempre encuentra amigos. En el jardín de infantes, en la primaria, en los barrios por los que uno transita de mudanza en mudanza en la niñez, en el colegio secundario, en las barras de adolescencia, más tarde en la facultad y en el trabajo, en fin, siempre hay alguien con el que se tiene más afinidad y se elije para contarles problemas, aventuras, pedir consejos o hacer los comentarios más gansos o simplemente compartir horas viendo como el tiempo pasa alrededor.
Los años hacen que abandonemos esos lugares y con ellos se pierda ese contacto fluido con el amigo, sin embargo los lazos de amistad suelen quedar ahí, siempre latentes, esperando el momento en que otra vez la oportunidad produzca el reencuentro.
A partir de encuentros casuales estamos organizándonos para vernos con amigos de la más temprana adolescencia con los que hace muchos años no nos vemos. Seguramente cada uno que se sume lo hará con una carga de recuerdos que quedaron guardados alguna vez, detrás de alguna urgencia, una nueva inquietud o un proyecto.
Yo me alejé del barrio apenas terminé la secundaria y comencé la facultad y no volví a ver a la mayoría de aquella enorme barra de chicos y chicas que se fue juntando alrededor de malones, noviazgos adolescentes, partidos de fútbol e interminables charlas en la esquina.
A partir de ese momento los amigos de la facultad y la militancia fueron llenando el tiempo y con los años nos fuimos enterando de casualidad que cada uno se casaba, tenía hijos, se recibía o había dejado la facultad. Ya veremos en unos días qué quedó de aquellos que fuimos y cuánto de verdadero tenían aquellos vínculos que en algún momento parecieron eternos e indestructibles. Lo cierto es que los amigos, como las lluvias, pasan pero vuelven tarde o temprano.
Aprendí de mi vieja el verdadero significado de la amistad. Ella es la mejor amiga que conozco, así, en general, amiga de sus amigas. No mi mejor amiga. Es mi mamá que es mucho mejor. Entre las cosas que envidio de ella es la capacidad de relacionarse con la gente y hacerse querer.
A partir de ese espejo, y aunque nunca puede ser tan buen amigo, yo también fui generando amistades entrañables, verdaderas, duraderas. Hace justo una semana le deseaba feliz cumpleaños a Silvina, una de esas amigas que vive en España. Hoy es el turno de saludar a mi otra amiga. Oriana. Casi mi hermana mayor (no sólo por una cuestión de edades).
Con ella también nos conocimos el primer día de clases en la facultad de periodismo y a partir de reuniones de estudio, talleres de laburo y momentos de ocio fuimos tejiendo una amistad que soportó el paso del tiempo, el cambio de escenarios, co protagonistas y escenografías y sobre todo se fortificó en los peores momentos de cada uno, que nunca fueron los de la relación.
No es por vergüenza que no escribo sobre esos sentimientos que nos unen sino por miedo a no saber cómo hacerlo. Puedo si contar que pasé horas sentado al costado de su cama mirando películas en Super 8 de su infancia cuando tuvo que hacer reposo en el último mes de su primer embarazo, contar que festejé mi casamiento en su Little House on the Prairie cuando el presupuesto no daba para alquilar un salón, que lloré en silencio de tristeza cuando se enfermó y de alegría y a los gritos cuando supe que no era tan grave como parecía, que busqué su consejo y hasta su consuelo en momentos bravos, que sus hijos me dicen tío y sólo con eso me alegran, en fin, podría decir eso y mucho más, pero no voy a hacerlo por pudor. Solamente voy a desearle un muy feliz cumpleaños, aunque probablemente nunca lea esta entrada, y decirle que la respeto tanto como la quiero y ya que estamos que mañana a la tarde voy a ir a sacar las entradas para el recital de Los Piojos para revivir juntos el Ritual de todos estos últimos años. Por ahora con eso alcanza, cuando vuelva de su viaje de festejo le regalaré algo, pero seguramente no será lo más importante.
Hasta la próxima.

5 comentarios:

Angel de la soledad dijo...

Bellisimo...realmente bellisimo!Si yo le dijera que me costó horrores escribir ,no lo creería,que me inundó una mezcla de sensaciones..trizteza,melancolía ,que me hizo tambalear.
Su amiga en el momento que lea las cosas tan bonitas,y que sin pudor le esta regalando ,sin lugar a dudas ,no habrá regalo mas lindo,que este,un regalo hecho con el corazón,son los únicos que importan,son los que estan hechos de verdad,y como dice Richard Bach en su libro "Ningún lugar está lejos"y no de latón y vidrio.

Luis dijo...

Te felicito por poder ser amigo de las mujers. De mi parte, nunca pude ni podré: siempre quise amar y ser amado por ellas, pero parece que es imposible. Aunque, tal vez, mejor así: hoy en día casi que sobran las que, de ponerse con una de ellas, en cualquier momento te aparece el cartel "Villa Cornichelli, 8 km."

Marta dijo...

Y se va el cuarto intento de publicar mi comentario ... Como el tema vale la pena, lo repetiré...
En primer lugar, gracias Metepúa por el concepto que tenés de mí como amiga. No amiga tuya, vos lo aclarás muy bien: yo soy tu mamá. Y en eso disiento con los versos de Hernández:"Un padre que da consejos, más que padre es un amigo". Amigos son los amigos. No me gusta dar consejos. Si me los piden, solamente cuento lo que yo haría si estuviese en el lugar de quien me los pide, aclarando que suelo equivocarme.
Tengo solamente cuatro amigas, y una inmensa cantidad de afectos que valoro y respeto, que me dan su mano si la preciso, y a quienes les doy la mía con una inmensa sonrisa para que sepan que los valoro. No confundo amistad con hermandad: no quisiera que mis amigas fuesen mis hermanas.
Son MIS AMIGAS, y ese título ennoblece cualquier vínculo.
Espero ansiosa tu reencuentro con quienes poblaron mi vida y mi casa durante tu adolescencia.Aprendí a quererlos y a no olvidarlos.
A Oriana, mis mejores deseos por ser tu leal amiga.También la quiero mucho porque ocupa ese lugar ideal en tu vida. Y vos sos mucho de la mía.

Silvina dijo...

Me encargaré personalmente de que Oriana lea esta entrada. Es imperdible y más para su protagonista.

El Metepúa dijo...

Siendo así seguro lo hará, siempre te hizo más caso a vos. Jajajaja... Un beso grande y nos vemos pronto.