viernes, 2 de noviembre de 2007

Ahora Vaquero se dice "Bluyín"

La Real Academia Española aprobó ayer casi 5000 palabras nuevas para su diccionario. Muchas de ellas tienen que ver con expresiones típicas de América Latina y muchas también, como es lógico, están relacionadas con la informática, ya sean nuevas palabras o como acepciones nuevas de términos existentes, por ejemplo ahora colgar, maximizar o minimizar tienen aceptado también un significado cibernético.
¿Para qué sirve esto? Para que una profesora de Lengua chapada a la antigua no te desapruebe por escribir estas palabras en un examen o en una redacción- tema-dospuntos-lavaca.
A mí siempre me divierte mucho leer estas noticias y también me gusta mucho saber por ejemplo de donde vienen las palabras, o las frases. Me imagino que muchas de las que usamos hoy naturalmente como si hubieran nacido con el Big Bang, en algún momento fueron usos populares o transformaciones de palabras de otros idiomas.
En el secundario me dijeron alguna vez que almohada es una palabra apropiada por el español a los Moros en épocas de la invasión a España y que en realidad “al” quería decir “el” y que lo que nosotros llamamos “almohada” se llamaba “mohada” Lo mismo pasa con varias palabras similares en las que el artículo se suma al sustantivo y forman una sola palabra. Recuerdo que cuando mi hijo era muy chiquito hacía algo parecido, para él la cama se llamaba “tucama” entonces cuando quería irse a dormir a su cama pedía “llevame a tucama”.
Hay palabras de las nuevas que me resultaron graciosas, resulta que ahora un pantalón vaquero en español se llama “bluyín”, que obviamente viene del Blue Jean del inglés. Si bluyín comienza a utilizarse y se vuelve natural tal vez alguien cuente asombrado dentro de 100 años esta derivación que para nosotros es obvia.
Volviendo a la palabra bluyín me hizo acordar a una anécdota de cuando era chico. Mi viejo mandaba los bluyines a la tintorería.
A una cuadra de mi casa estaba la tintorería de Matsunaga, entrar ahí era transportarse al lejano oriente: música japonesa, almanaques japoneses, adornos japoneses y Matsunaga, recontra japonés, entre vahos y vapores, siempre con pantalón de vestir, camisas multicolor, camiseta musculosa debajo de esta y hojotas de goma. Estaba enamorado de mi prima Laura por ejemplo, regalaba cada fin de año pantallas de papel con motivos nipones que a mi abuela le venían bárbaro para abanicarse, tenía como empleada en la caja y tomando las prendas a una señora que no era japonesa, pero tenía los ojos medio rasgados como para no desentonar, te entregaba la ropa envuelta en papel madera y no tardaba media hora en hacer todo el proceso como las de ahora sino varios días. No eran épocas de sushi, ni de saque, ni de restaurantes y supermercados chinos (que no es lo mismo pero a la vista para nosotros es igual) así que los japoneses eran personajes “pintorescos” y raros asociados casi exclusivamente a las tintorerías.
Bueno, como les contaba, mi papá mandaba los vaqueros a la tintorería, por lo tanto nunca perdían su color, siempre eran blue, esto que puede ser genial para algunos, en mi caso era una frustración. Uno siempre quiere lo que no tiene y yo envidiaba los vaqueros gastados de mis primos y amigos. Les preguntaba qué les ponían para que quedaran así, cómo los lavaban sus mamás, pero todos me miraban sorprendidos ya que para ellos era lo más obvio, producto sólo del uso. Con el tiempo comenzaron a venderse los vaqueros prelavados y hasta los infames nevados y un poco más acá los vaqueros que vienen directamente rotos de fábrica. Para esa época el presupuesto ya no daba para mandar a lavar los bluyines a la tintorería y entonces yo luchaba por mantener el color original del los pantalones el mayor tiempo posible.
Con los años Matsunaga cerró la tintorería y desapareció del barrio, miles de versiones se tejieron alrededor de su paradero. Desde hace un tiempo una de los dos hermanas más lindas del barrio abrió en esa esquina “La Vermucería” un lugar de picadas muy piola, y a modo de recuerdo u homenaje, en uno de los rincones quedó la vieja plancha en la que aquel japonés le marcó la raya durante años a los pantalones de los hombres y mujeres de todo el barrio.
A quién seguramente no le importará mucho esta nueva versión del Diccionario de la Real Academia Española es a la Chona, aquel personaje que creó Haydee Padilla, una especie de versión femenina de Minguito y que tuvo tanto éxito en la televisión Argentina de hace unas décadas popularizando frases y palabras también tomadas de las expresiones populares como “Me he quedado nonadada” o “Vos si que sos una amiga patente patente” o “En ese momento se me representó…” o el decir “estuvimos de…” “en vez de estuvimos en lo de…” anteponiendo artículos a los nombres “El Hétor…” por ejemplo. Haydee Padilla quedó bastante encasillada en este personaje por lo que fue perdiendo espacio en las pantallas chica y grande y no es muy común verla representando este u otro personaje.
El disco de hoy fue editado por dos sellos distintos, con distintas tapas y hasta con distintos títulos: “Así es La Chona” e “Historias de La Chona”, pero con los mismos temas. Se trata de pequeños monólogos de situaciones cotidianas, más típicas del humor de aquellos años y que por supuesto hoy por hoy no causan mucha gracia pero merecen estar en una colección de discos de personajes entrañables de los 60 y 70. Patente patente.
Hasta la próxima.

5 comentarios:

Marta dijo...

Patente, patente ... lo del japonés Matsunaga me recordó algunas anécdotas que, seguro, recordarás "patente, patente": tu Papá, tan melindroso con su ropa, le llevó algunas de sus corbatas importadas para que las limpiara. Pasaban los días, y el japonesito siempre daba excusas para no devolverlas, hasta que no pudo más y confesó: se le habían ido por el filtro de la lavadora, y habían quedado deshechas. A tu papá le agarró un ataque similar a la explosión de la bomba atómica. Entonces, Matsunaga le dijo que se comprarara corbatas nuevas que él se las pagaba. Creo que fue por eso que se fundió y cerró la tintorería ...
¿Y la otra? La recuerdo y me duele la panza ...
Tu fiesta de egresados del secundario y la camisa blanca Balenciaga de Papá... Tu fervor por las plantas y por pintar las macetas y las ménsulas que las sostenían con esmalte negro ... tu descuido, y tu apoyar la camisa blanca Balenciaga que le usaste a Papá,sin su permiso pero con mi complicidad, sobre una ménsula recién pintada ... ¡¡ Sólo Matsunaga nos salvó y hoy podemos estar escribiéndolo !!!

El Metepúa dijo...

Ay Marta, Marta, siempre tan memoriosa para contar anécdotas que ya no podré contar en el blog. ¿Para cuándo tu Blog propio? Insisto con que será mucho más visitado que el mío. Saludos.

Marta dijo...

¿Y por qué no me avisás antes de que yo escriba, salame?

K.Chivache dijo...

"Almorfando con La Chona" se llamaba el programa que hacía en Teleonce. Siempre me acordé de esa parodia a la(suena Luis Aguilé) Señora Mirtha Legrand.
A mediados de los 80 filmó una película tremenda, horrible, de esas que dan risa de lo malas que son. LA escena desagradable de la peli era cuando la chona quedaba en tetas. EEwwwwww... y Ranni puteaba y el rubio de los Dukes de Hazzard luchaba contra los narcos argentinos. "La Muerte Blanca" era el "sugestivo" título de esa porquería.
Sí, no me privé de nada...

Cyclope Prod. Audiovisuales dijo...

La verdad es que no solo la entrada de hoy fue excelente, sino que ademas la disputa madre-hijo por las anecdotas es para alquilar balcones!! jajaja
Sepan que siempre entro aunque a veces esa costumbre que tienen los trabajos de hacerlo a uno laburar, no me permite dejar comentarios
Saludos
Leo
www.rastitv.blogspot.com