martes, 16 de octubre de 2007

Y todo por Colón...

Ayer tenía pensado sobre qué iba a escribir. Aprovechando el feriado creí que iba a tener tiempo suficiente como para sentarme tranquilo y poder explayarme sobre el nuevo aniversario de la llegada de las “Calaveras” de Colón a estas tierras. Pensaba hablar un poco del saqueo, de las culturas arrasadas y para relacionarlo con el tema de estos días hablar un poco de “La Madre Patria” Pensaba también referirme al cambio de nombre que se pidió acusando de racista al día de la raza y plantear también que sería mejor que el 12 de octubre sea una fecha que se conmemore y no que se celebre. Son temas de los que se habla mucho, de los que se ha escrito una gran cantidad de artículos, canciones, poemas y demás pero que me parece que hasta que no sean reconocidos los derechos de los pueblos dueños originarios de todo el continente habrá que seguir repitiendo.
Pensaba hacer todo eso pero no pude. No tuve tiempo de sentarme ni 15 minutos a la máquina. Arranqué temprano la mañana, mate con tostadas y charla sobre la fiesta de cumpleaños de mi nene que se acerca. Lista de chicos, lista de grandes, lista de comida, lista de bebidas. Listo. Ahora había que ir a hacer las compras. Mientras mi señora se subía al auto y salía para el hipermercado yo me calzaba los guantes y me iba al fondo. En el fondo de mi casa, a partir de abril, más o menos, y hasta mediados de septiembre no da el sol. Desaparecen las flores, la mayoría de las plantas y casi todo el pasto; se transforma en algo marrón, un lodazal cuando llueve, así que casi no salimos al jardín. Pero como a mí me gusta mucho la jardinería cuando se acerca la primavera empiezo a laburar a lo loco para llegar a diciembre con un jardín presentable en el que den ganas de sentarse a tomar sol, tomar mate a la mañana y algún trago o licuado a la tarde.
Mientras tironeaba de plantas secas, trataba de hundir la pala en el barro pegajoso, trasplantaba plantines del almácigo y mejoraba pedazos de tierra con la que saco del rincón de los desechos del jardín me dio por pensar que al final uno trabaja más en los feriados que en los días laborables, y sin embargo, al menos en este caso, lo hace con placer, trata de aprovechar el tiempo al máximo para hacer más cosas y lejos de esperar que llegue la hora de terminar con la jornada laboral mira con desilusión que las agujas del reloj siguen girando y el tiempo no va a alcanzar para hacer todo lo que uno quiere.
Cuando ya estaba avanzada la tarde llevamos a Juan Manuel a la exposición de Cachogos, que este año se hizo en Gonnet, a pocas cuadras de mi casa. Le gustan tanto los perros que no dudamos en ir a ver perritos, sabiendo que podía ser un buen paseo. Al llegar nos frenó en seco la boletería: $15 los adultos y $10 los menores. ¡Cuarenta mangos para ver perritos enjaulados! Manu se dio cuenta del problema y en seguida se atajó “no me vengan con que es muy caro y nos tenemos que ir” Lo prometido es deuda y le habíamos prometido llevarlo, pero no a ese costo, así que yo me quedé esperando afuera mientras Alejandra y él recorrían los stand, recolectaban panfletos de alimentos balanceados y se metían en la panza de Dalma Mamá para ver los cachorros que siempre están por nacer.
Algunos dirán que de chusma, otros dirán que de observador pero disfruto mucho de quedarme en un lugar mirando lo que hace la gente, observando las caras, las expresiones, escuchando los comentarios. Creo que a más de la mitad de la gente que llegó hasta ahí le pasó lo mismo que a nosotros, algunos tomaron la misma actitud y el padre se paró a esperar afuera, los que iban sin chicos directamente exclamaban “están locos” giraban y se iban y muchos otros volvían a sus autos mientras trataban de consolar a los más chiquitos prometiendo otros paseos más acordes a los bolsillos actuales.
Más allá de que Juan Manuel salió sin hacer demasiados comentarios por lo que me imaginé que lo ofrecido no era para tanto, me dio por hacer la reflexión de siempre: ¿no conviene poner precios más populares y sacar una mayor ganancia a partir de la cantidad de gente que visita y no del mayor poder adquisitivo?
El feriado terminó comiendo pollos a la parrilla en lo de mi suegro para festejar el cumpleaños de la tía de mi esposa. Regresamos muy tarde ya como para sentarme a escribir la nota sobre la conquista que comenzara hace 515 años sin embargo me quedó un ratito para reflexionar si esto de sentir que nuestros trabajos diarios necesariamente tuviesen que ser algo alejado del placer, para después buscar placer en pagar de más para divertirnos, no estará directamente relacionado con aquel mundo nuevo que se impuso a base de sangre, fuego, cruces, saqueo y explotación. Y otra vez volví a pensar que es una fecha para conmemorar y no para celebrar.
En el disco de hoy la niñita Lucrecia suena tan insopor… insistente digamos como lo hacían los niñitos ayer en la expo de Cachogos. ¿De dónde había salido esta nena que en el 84 grababa un Long Play? Es muy raro lo que pasa con esta tapa, si miran la foto van a ver que tiene en ella tres títulos de canciones “Mamuchi mía” “El teléfono llora” y “Superfantástico” ¿Cómo se llama el disco? ¿No se pondrían de acuerdo en cuál debía ser el título? ¿Son tan malas todas que necesitaron tres para intentar sacar un hit? En fin, el tema dedicado a la mamá es tan malo como la voz de la nena y casi tan horrible como el acompañamiento musical. No voy a poner toda la letra porque además es larguísima, pero les dejo unas estrofas.
Hasta la próxima.

Hace mucho tiempo espero que llegue este día;
anoche no he dormido de felicidad.
aun no ha salido el sol y yo ya desperté
para alegrarle la sonrisa a mi mamá.
Ella es el ejemplo claro de las cosas puras,
mi mami quiero que lo sepas se parece a Dios,
siempre brindando amor, siempre besándonos,
si es a su lado no tengo miedo al dolor.
Mamuchi con amor te canto mi canción
y en ella yo te doy mi corazón.
Yo busqué en el diccionario una palabra dulce
y en todo ese libraco gordo sólo una hallé,
y cuando la encontré me dio felicidad,
decir frescura es también decir mamá…

1 comentario:

Marta dijo...

Muy vagamente recuerdo a esa nenita, Lucrecia. No recuerdo qué ni cómo cantaba, sólo su nombre. ¿Era aquella que hablaba en media lengua y nos tenía hartos a todos?
Seguramente el papito tenía los suficientes contactos para darle el gusto a su hija, y los de las discográficas el suficiente buen tino como para convencerlo de que no insistiera en su afán de hacerla cantante ...