sábado, 20 de octubre de 2007

Para espantar fantasmas... de Piratas

En la entrada anterior contaba que mis recuerdos con las figuritas tiene que ver más con hechos que con las colecciones en si.
Hace un tiempo hablé sobre el Jarabalúa, aquel truco de magia por el cual mi tío Ruben nos hacía aparecer cosas los domingos después de almorzar. Claramente recuerdo el día en que me hizo aparecer el álbum y algunos paquetes de la colección Piratas detrás de un sillón reclinable marrón que había en lo de mis abuelos. Era la reedición de ese álbum que había salido por primera vez a fines de los 60’s. La colección Piratas es emblemática para los chicos de aquellos años por la cantidad y la calidad de las figuritas. Tarjetones con escenas de abordajes y luchas, redondas enormes con las caras de los piratas más famosos, siluetas de soldados de los distintos países y las distintas épocas y unas redondas espectaculares de los personajes más característicos de la tele. Además de estas figuritas de cartón los paquetes traían unos tatuajes muy simpáticos con las mascotas de los clubes de fútbol, de los canales de TV y otros personajes de las series.
Desde muy chiquito me persiguió un recuerdo horrible que me provocaba angustia. Yo era muy chiquito y estaba en un cumpleaños, sólo, no me acuerdo de quién era, se me ocurre que sería de algún compañerito de la primera sala del jardín. Me recuerdo en un patio, en una casa antigua, mirando para los costados sabiendo que no quería estar ahí, que no la estaba pasando bien y que no veía la hora de que vinieran a buscarme. Después me acuerdo que vino el mago, en esa época teníamos la suerte que en vez de chicos gritones haciendo chistes tontos los cumpleaños eran animados por magos y payasos. Pues para sumar más angustia aquel ilusionista decidió hacerme parte de sus trucos, me eligió junto a otro nene del público y nos dio a cada uno un par de aros entrelazados para que los separemos. El nene pudo, yo no. Tal vez los amigos magos que entran seguido a leer estas páginas me digan un día como hacer para separarlos (prometo no contárselo a nadie).
Esa tarde, en ese cumpleaños, como parte de los regalos nos dieron unos paquetes de las figuritas Pirata, los abrí ahí mismo, mientras esperaba que fueran a buscarme y vi que había sacado la mascota de Gimnasia. Al menos una buena me llevaba de aquel cumpleaños.
El recuerdo de aquella figurita me quedó grabado igual que la anécdota, sabía que no era un Lobo sino el Tripero, que era un nene sonriente.
Para mi sorpresa un día lo encontré, hace un par de años. No imaginaba que pudiesen guardarse los tatuajes. Al igual que con las siluetas de los payasos de la anécdota anterior la figurita es igual a como yo la recordaba, está guardada entre mis tesoros más representativos esperando a que me sirva de modelo cuando decida a hacerme un tatuaje alguna vez.
Pensé que al haberla encontrado cerraba aquel recuerdo de la infancia, sin embargo hace unos días buscábamos casita para festejar el cumpleaños de Juan Manuel. Entramos a una y me pareció haber estado ahí en algún momento, se lo dije al dueño y él me dijo “Puede ser, con distintos nombres esta casita hace muchos años que funciona” “Cuando decís muchos ¿A cuántos te referís?” “Más de 30” respondió. Le pedí recorrerla y si, adivinaron, era aquella casita en la que tan angustiado me había sentido cuando tenía 3 o 4 años. Reconocí el patio donde me había sentido tan solo, el lugar donde el mago había dado su espectáculo y yo me había sentido como un inútil por no poder separar los aros.
A Manu le gustó esa casita, esta tarde le festejamos ahí sus 7 años. Lejos de angustiarme voy por la revancha. Espero poder cerrar definitivamente esos recuerdos feos y cambiarlos por uno de los mejores cumpleaños de mi hijo. Por las dudas me llevo de amuleto, entre la ropa, aquel tatuaje del Triperito, que fue lo único bueno que me traje de aquel cumpleaños.
Pensaba qué disco poner que se relacionara con esta historia y decidí que no podía ser otro que uno de Andrea del Boca. Qué niña de nuestra generación sufrió tanto como Andreíta. Siempre sin mamá, con un papá muy ocupado, madrastras que no la querían, o internada en asilos de monjas. Un horror para una nena tan buena y sensible como nuestra querida Andrea, que para colmo de males fue creciendo y siguió sufriendo tanto dentro como fuera de las telenovelas, con tortuosas relaciones, escuchando a Silvestre cantando hasta en la ducha o con su eterna lucha judicial por no dejarle ver a su hija al padre.
En fin, en este disco, acompañada por la orquesta de José Perla y con su vocecita de susurro sufrido Andreíta recita Mamá quiero decirte gracias de Perla y Vezzani.
Mañana es el día de la madre finalmente. A prepararse.
Hasta la próxima.

3 comentarios:

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

Juan Manuel tendrá la oportunidad de llevarte al mismo lugar....para recrear otra historia,
donde pisotées la soledad, la anguastia, los recuerdos feos...
Es maravilloso.
Una nueva oportunidad, para hacer un momento inolvidable,
por lo bello.

Felicidades!!!

Mile!!!
Millones!!!!!

Anónimo dijo...

Como es el destino ¿no?volver a la misma casa en el día del cumple de tu hijo.Ojalá puedas mirar esos fantasmas del pasado que tanto dolor te causó en tu infancia,con una sonrisa de felicidad junto a tu familia.

Marta dijo...

Ya terminó la preciosa fiesta de cumpleaños de Manu, y lograste conjurar (¿gracias al tatuaje?) todos los miedos viejos. Estuviste feliz, como el nene, como Ale, como todos los chicos, como todos nosotros, ¡¡ Y ACTUASTE JUNTO AL MAGO SIN FRACASOS !!!!!
El año que viene celebraremos tu cumple ahí, ¿querés? Ya sabés que en ese lugar podés pasarlo bomba. Besos !!