jueves, 13 de septiembre de 2007

A todos nos llega la hora

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj (…) Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo (…) Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj."
Así comienza Julio Cortázar las “Instrucciones para dar cuerda al reloj”
Mi primer reloj fue heredado de mi primo cuando aprendí la hora, en esa época en que para aprender la hora no era tan fácil como mirar los números y decir 11:35. Junto con las lecciones vino aquel reloj pulsera. Sé que fue antes del 79 porque estaba en la casa de mis abuelos paternos cuando mi tía me enseñó a leer la hora. Lo recuerdo chiquito, con malla de cuero. No se cuánto duró ni a dónde habrá ido a parar.
El segundo reloj ya fue comprado especialmente para mí. Habíamos ido al centro con mi mamá y vi en una relojería uno de aquellos relojes infantiles con el dibujo de un personaje cuyos brazos hacían de agujas. Me elegí el de Quico pero mi mamá no tenía la plata en ese momento y al volver a casa lo llamé a mi viejo a la oficina para que me lo compre. Esa misma tarde mi papá se vino de la oficina mucho más temprano que de costumbre sólo para traerme mi reloj. Yo estaba jugando a la pelota en la calle y lo vi llegar, corrí a buscarlo y le pregunté si me lo había comprado. “No tuve tiempo me dijo” y yo le hice un despelote bárbaro en plena vereda. Era cierto, no me había comprado el reloj de Quico sino un reloj en serio, un reloj, que como dice Cortazar “esperemos que te dure porque es de buena marca” Un Citizen hermoso de metal, con cuadrante gris metalizado, dentro de una caja enorme. Vino acompañado de un reto, mi papá no dejó pasar mi reacción y me dijo que debería haber reaccionado distinto: “No importa, papá, vas mañana” tendría que haber dicho según él. Me quedaron marcadas esas palabras y las recuerdo cada vez que reacciono de la misma manera. Lástima que siempre es tarde.
Para el segundo reloj ya era más grande, se habían puesto de moda los relojes con números romanos y mallas de cuero de víbora, yo ya tenía novia, iba a fiestas y malones y mi viejos me regalaron este Seiko que fue el primero al que no tenía que darle cuerda todas las mañanas.
Yo no se qué les parecerán ahora después de tanto tiempo y tantos cambios en la moda, pero puedo asegurarles que cada uno de estos relojes era hermosísimo en su época.
Siempre fui muy clásico en lo que a usanzas se refiere, así que no me vinieran a mi con los típicos relojes de los 80 con calculadora, juguitos de aviones o el Casio 30 Melodías que tenía mi hermano y que lo despertaba con “La Cucaracha” o el “Himno a la alegría”. Números romanos y malla de cuero, eso usaba mi papá y eso usaba yo. Los 90 trajeron parvas de relojes, los Rolex paraguayos, los Citizen Titanium y sus imitaciones, los relojes de 15 mangos que se compraban en cualquier esquina. Fueron casi descartables, no merecen seguramente ni el recuerdo; no porque no fueran lindos en muchos casos o no hicieran su laburo, sino porque dejaron de ser aquel regalo que se hacía para que durara, que te distinguiera al “comparar tu reloj con los demás relojes”
Sólo uno de los relojes que recibí después tiene una historia detrás, es el Tressa de oro que acompaña en la foto al reloj de mi infancia y al de mi adolescencia. Me lo regaló mi abuelo cuando cumplí los 18 años. Era SU reloj de oro, el que usaba en las grandes ocasiones. Yo era el mayor de los nietos que llevaba su apellido, y los viejos de antes veían eso como un mérito. No se, será por la continuación de la sangre, qué se yo. La cuestión es que el día que cumplí la mayoría de edad su regalo fue como un legado algo así como que yo era el encargado ahora de marcar su tiempo. Y yo cada tanto me lo pongo, aunque me digan que queda ridículo porque es de viejo.
En este disco de hoy el Mono relojero me hace acordar a mi hijo. No hay forma de convencerlo de que no se puede hacer los deberes mirando la tele. Este es el segundo simple del simio que por esas épocas nos mandaba a dormir deseándonos un dulce despertar. El monito tuvo también dos LP el Oye niño que tiene una tapa hermosa en el Bosque y el Disco del Circo de Billiken de los que ya hablaremos. Las siluetas de cartón con toda la familia eran obsequio de la revista de Constancio Vigil en pleno apogeo del primate.
Termina diciendo Cortázar: “Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.”
Uyyyyyy… qué tarde se me hizo.
Hasta la próxima.

1 comentario:

Marta dijo...

¡¡ Qué tema el de hoy !! Los relojes ...No sé si comenzar con aquella anécdota tan querida de cuando yo era maestra en la escuela 532: se acercaba el día del maestro y Marcelo Castellanos, un alumno muy travieso que tenía entonces, me dijo confidencialmente"¿Sabe, Srita. Marta? Juntamos plata y le compramos un regalo ... empieza con rrrrrrrrrrr y termina con sssssssssss" Pensé en un ramo de rosas, pero no: ¡¡ me habían comprado un RELOSSS !!!!!
Los relojes siempre han formado una parte primordial de mi vida, pero no me interesa ni el modelo ni la marca. Sólo que me den la hora. Puntual hasta la obsesión, tengo relojes que funcionan en cada ambiente de mi casa, y en un mueble del comedor, los que colecciono: viejos, muy viejos, de mesa, despertadores, de bolsillo, de pulsera. Los amo. Dije que terminaría mi colección cuando tuviera un cucú. Mi consuegra, la mamá de mi yerno, me regaló el que fue de su mamá. No consigo que el pajarito salga, tengo que encontrar a quien lo arregle, así que (mientras tanto) sigo coleccionando relojes ... Si algún lector tiene alguno, acepto donaciones ...