miércoles, 26 de septiembre de 2007

Nunca sin amor... no como otras descocadas de la tele

En la cocina de la casa de mis abuelos había un mueblecito de madera y dentro de él las galletas abizcochadas compradas, probablemente, en la panadería Herranz. Las guardaban en una lata enorme, verde, con esas tapas a presión que quedan como enterradas en la lata y al abrirlas te quedan doliendo las yemas de los dedos. Junto a la lata una canastita de mimbre, blanca, donde llevaban a la mesa las galletas. Una delicia esas galletas.
Mi abuela nos preparaba mate cocido, no porque no quisiera darnos leche, sino porque para nosotros no había mate cocido más rico que el que ella hacía.
Mis viejos laburaron todo el día casi siempre. Mi papá en la oficina y mi mamá dando clases en la escuela a la mañana, y enseñando danzas clásicas y españolas en su academia, por la tarde. Eso hacía que nosotros pasáramos largas tardes en lo de mis abuelos.
El mate cocido se servía en unos tazones enormes, de loza, muy antiguos creo yo. ¡¡¡¿Cómo no me guardé uno de recuerdo cuándo ellos se fueron?!!!! En el fondo tenían el dibujo de un huevo duro partido al medio. A veces mi abuela tenía azúcar en terrones. Como les contaba lo acompañábamos con las galletas, manteca o margarina y dulces, muchas veces caseros, de tomate o de ciruela. Me acuerdo cuando Dánica o Doriana tal vez, o Manti, comenzaron a sacar en sus tapas un gancho para los chicos. Una vez venían con unos cartones sobre las tapas, con fotos y una pequeña reseña de animales. Pero las que recuerdo con más cariño eran las que traían los motivos de Blancanieves y los siete enanitos, directamente pintadas en la tapa de plástico. Recuerdo la tarde que me bajé casi entero el pote de margarina para que mi abuela tuviera que comprar otro y así poder completar la colección.
Algunos años antes de que yo naciera mi abuela había embaldosado todo el fondo de su casa, ahí nosotros no teníamos muchos juguetes. A ver si me acuerdo: un teléfono negro de chapa que había sido de mi mamá cuando era chica, un banquito de madera, un auto verde de carrera de plástico soplado, muy grande, al que le faltaba la cabeza del piloto, un tren de plástico, rojo, muy grande, que en la chimenea tenía un tubo transparente lleno de bolitas de colores que se movían al hacerlo andar, y creo que nada más. Así que la mayor diversión era dibujar con lapicera o lápices de carpintero en unos cuadernos enormes de hojas rayadas donde mi abuelo dibujaba su famoso gaucho o mirar la tele.
Mi abuela era fanática de las telenovelas, por eso cada vez que veo algún disco de estos lo compro con la esperanza de escuchar una cortina conocida que me transporte a aquellos años. Este no fue el caso, el disco es de 1978, así que seguramente debo haber visto esta novela con mi abuela, sentados en el comedorcito diario, pero realmente no la recuerdo. Estamos hablando de aquellos años donde brillaban Antonio Grimau y la Picchio, pero también Cristina Alberó, Jorge Barreiro, Gabriela Gilli, Alberto Martín, Claudio García Satur y tantos más.
En este caso el teleteatro era “Nunca sin amor” el tema del mismo nombre era de Daniel Solanas y el lado B trae Amiga lo nuestro es… también compuesto e interpretado por Daniel Solanas. No encontré en Internet información sobre la telenovela. Por ahí alguno se acuerda y me tira algún dato.
Hasta la próxima.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando comence a leer ,se me dibujo una pequeña sonrisa,senti que estaba en ese lugar y termine en un llanto de emocion.
Siempre me pasa lo mismo.
¡¡con cuanto cariño recordas tu infancia!!.
Saludos.

El Metepúa dijo...

Gracias Anónimo, decir que me alegra tu llanto de emoción no sería correcto, pero si me alegra poder transmitir todas estas cosas. Tuve la suerte de tener una infancia muy feliz rodeado de toda esta gente que me quiso tanto y me lo demostró de mil maneras. Recordarlos y compartirlos de alguna manera con los demás es mi forma de agradecerles y potenciar su ejemplo y sus enseñanzas, ya que uno siempre se queda con la sensación de no haberles dicho en su momento lo importantes que fueron. Saludos. Metepúa.

Disco C: dijo...

De la telenovela nada que decir; soy muy joven ajjajaja! Na; te estaba cargando.
Pero de los abuelos; me paso lo mismo que al anonimo. En otra oportunidad ya hablaste de tu abuela (no se si de la misma) y aunque nuestras abuelas no se parecian en nada; leerte hace que recuerde a mi adorada abuela y no puedo evitar la emocion...
Mariana

El Metepúa dijo...

Ahora resulta que todos eran chicos cuando daban Resistiré. ¡Qué bárbaro, che! Háganse cargo.
Esta es mi otra abuela, aquella Porota, esta Zuna, o Mami como le decíamos nosotros. Saludos a los tres.

Marta dijo...

Me gustaría darte algún dato de esta telenovela, pero no la recuerdo ni remotamente. Seguro que Mami no la vio, de ser así no me habría olvidado porque aunque yo no las veía, ella me contaba todos los capítulos con lujo de detalles.
¡¡ Qué memoria de elefante tenés !!
Para tu alegría, te cuento que tengo dos tazones de los que mencionás, y un plato. El mueblecito de madera está en casa. Lo único que no pude rescatar es la famosa lata verde y la canastita blanca, que también acompañaron mi infancia y siempre guardaron las exquisitas galletas que no eran de lo de Herranz, sino de una panadería de calle 60 entre 17 y 18, que cerró hace muchos años. Eran hojaldradas, un manjar, y desde chica iba a comprarlas ahí.
Con tus recuerdos, mantenés vivos a quienes quisimos y nos quisieron. Gracias por la memoria.

Anónimo dijo...

Que alegria que puedas rescatar,los tazones de aquella epoca que recordas con tanto cariño y ternura.
Yo tambien no hace mucho ,recupere mi plato y mi tenedor,que guardo con muchisimo cariño.