jueves, 6 de septiembre de 2007

La ópera no es sólo una oblea

Muchos se van a reír, pero una de mis películas favoritas es Pretty Woman, o Mujer Bonita para estar acorde con la entrada de ayer. Justo yo que me la doy de que me gusta el cine francés, el de autor, que no miro cine de Hollywood ni en DVD y que el cine no tiene que ser pasatista sino dejar algo para pensar, vengo a decir esto. Pero todo tiene un por qué. Estábamos entrados en los 90 y llegaron unas elecciones, no recuerdo cuáles, tal vez haya sido la reelección, aunque probablemente no haya sido una tan decisiva. Yo no lo podía creer pero los mismos que arrasaban con todo (Derechos sociales, trabajo, educación, cultura, empresas del estado, industria nacional, justicia, futuro) volvían a ganar las elecciones. Algunos compañeros de militancia pasaron por mi casa y me dijeron: “si nos sentamos a ver el escrutinio nos vamos a amargar, poné una película” Y ahí estaba, en la tele, aquella historia de Cenicienta moderna que fue Mujer Bonita. La miramos todos con ojos de adolescente (que ya hacía años que no éramos) y creo que preferimos creer que era mucho más posible aquella historia inverosímil de amor que resignarse a creer en un nuevo triunfo del menemismo.
Pues bien, en la película hay una escena en la que Richard Gere lleva a la buena de Julia Roberts a ver ópera y, palabras más o palabras menos, le dice algo así como “la primera impresión es la que cuenta, no importa si la entendés o no, si al ver ópera por primera vez no te conmueve nunca te va a gustar, si pasa lo contrario te enamorarás de ella para toda la vida” A los pocos minutos Julia lloraba a mares de la emoción.
A mi tío Ruben le debe haber pasado algo similar. De buenas a primeras empezó a escuchar Ópera y no la abandonó hasta que falleció. Compró Cd’s, libros, revistas, no se perdió función en el Coliseo Podestá o en el Teatro Argentino de La Plata. Las esperaba con la ilusión de un chico, aun cuando ya estaba enfermo y le costaba movilizarse.
Cuando esta mañana supe que había muerto Luciano Pavarotti inmediatamente me acordé de él y lo imaginé preparándole la bienvenida junto a mi abuelo Pocholo y a Tosca, una vecina muy humilde de la casa en la que crecí, que había heredado de su padre, italiano y carpintero, el amor por la ópera. Y su nombre no dejaba dudas.
El otro día dije que iba a contarles sobre el Jarabalúa y esta es una buena oportunidad. Cada domingo toda la familia se reunía en lo de mi abuela a comer. Después del postre y antes de la sobremesa, mi tío nos juntaba a todos, mis hermanos, mis primos y yo formábamos una ronda tomados de la mano, él decía que nos concentremos para que le llegaran fluidos mágicos y comenzaba con un versito que decía por ejemplo “Jarabalúa, jarabalúa, aparecitis un regalo para fulano en la maceta grande del pasillo” y ahí salíamos todos corriendo a ver qué había aparecido. La escena se repetía hasta que cada uno tenía su regalo. Golosinas, álbumes y figuritas, juguetes. Siempre aparecía algún regalo. Mi mamá retomó esta costumbre con mi hijo que todavía sigue concentrándose cada día para pasarle los poderes necesarios a su abuela.
Con los años fuimos creciendo y dejamos de creer en algunas ilusiones como esta, mi abuela falleció, los almuerzos de los domingos dejaron de hacerse, pero mi tío siempre siguió con la costumbre de hacernos regalos. Ya cuando éramos más grandes íbamos los sábados a la tarde a visitarlos, él pasaba por atrás de nosotros tiraba un billete y nos decía “Fijate que se te cayó plata” y ahí nos íbamos nosotros con la guita justa para salir.
La política de aquel gobierno del que hablaba al principio fue implacable con mi tío y su viejo negocio familiar, perdió el comercio, la casa, las vacaciones y hasta la salud. Sin embargo nunca perdió su humor simple ni su cariño por nosotros. Hoy se debe haber reencontrado con la voz de Pavarotti y tal vez hasta consiga una platea para la primera función de gala.
Los discos de Anteojito tienen como única función recordar al Tío Antifaz, seguramente el tío más famoso de nuestra infancia. Ya volveremos sobre ellos más adelante. Hoy sólo quería contarles sobre mi tío, el jarabalúa y su amor a sus sobrinos y Luciano Pavarotti.
Hasta la próxima.

2 comentarios:

Leo dijo...

Man... que habilidad para enganchar temas! Sos un Disc-Jockey de la palabra (y dicha esta frase cursi dejo de escribir ya mismo, no se preocupen!!!!)

Sds/Leo Taquino

Marta dijo...

Hermosísima tu nota de hoy. Hermosísimos tus recuerdos. Seguramente Ruben y Papi fueron quienes le dieron la bienvenida a Pavarotti y,como han podido, le cantaron "Torna a Sorriento" u "O sole mío"...