miércoles, 12 de septiembre de 2007

Esa hinchada que grita y alienta sin parar...

La nota de hoy sólo puede explicarse desde el sentimiento. No hay razón que la exprese.
No importa de que cuadro es cada uno, todos podrán entender de lo que estoy hablando. Pacha que es de River, Tulio que es de Boca, Rodó que es de Vélez, la Bruja que es del Aleti, Marta que es de… bueno, no importa y creo que hasta Leo, al que no sólo no le gusta el fútbol sino que lo detesta.
El domingo pasado fue el cumpleaños de Julio Ramírez. Si, ya se, ni está en la casa del gran hermano ni baila por un sueño. Julio Ramírez es un histórico miembro de la mítica 22, la Hinchada de Gimnasia inmortalizada por los Redonditos de Ricota. Miembro de “aquella 22”, la del Negro José Luis, la del Loco Fierro, la que llenó las canchas de todo el país por el sólo hecho de devolver con amor ese sentimiento inexplicable que se aprende desde chico y se enseña toda la vida.
Vivimos una época muy rara para el fútbol, como en el resto de la sociedad el exceso de dinero corrompió todos los ámbitos de este deporte. Diego dijo que la pelota no se mancha, pero de ahí para abajo no se salva nadie.
Según lo medios, los barrabravas son, de un tiempo a esta parte, los más terribles delincuentes que azotan el país. No importa que estén bancados o fomentados por dirigentes, políticos y sindicalistas. Ellos son los únicos culpables de la violencia en el fútbol y hay que desterrarlos cueste lo que cueste.
Me llena de bronca escucharlos pedir mano dura sentados en los sillones de los medios que negocian con los poderes de turno contratos corruptos y delictivos.
Sin dudas hoy la mayoría de las barras, o tal vez todas, son un engranaje de esta maquinaria de poder y corrupción y sirven más a los negociados que a los colores de sus camisetas. Es repugnante ver cómo se dirimen a las piñas o las trompadas las luchas por las migajas que los dueños de la pelota les tiran a cambio de hacer el trabajo sucio.
Yo conocí otras barras bravas. Comencé a ir a la cancha de la mano de mi viejo y de mi abuelo cuando tenía 4 años y ya no paré nunca. Jamás fuimos a la cabecera donde se encaramaban los más bravos, pero siempre respetamos a aquellos que nunca paraban de cantar, que tatuaban la palabra lobo junto al corazón que decía madre, o Rosa, o Estela, cuando tatuarse no era fashion y pertenecer a esa jungla no tenía sus privilegios.
El Loco Fierro fue el peleador más valiente que vi en persona, realmente era una máquina de pegar. Pasarán los años y nunca voy a olvidar una tarde en que la hinchada de Platense entró al Bosque tirando piedras contra la hinchada de Gimnasia y él sólo saltó el alambrado y les hizo frente sin más arma que sus puños. Pero el Loco Fierro era también el responsable de proteger a la gente de Gimnasia. Cuidado con las mujeres, ojo con los chicos, ni se te ocurra venir a afanar acá. Él primero y los demás atrás.
En un video que se hizo hace unos años sobre su vida dicen que la diferencia entre jefe y líder es que el jefe te dice “Andá y hacé esto” y el líder te dice “Vení, vamos a hacer esto” El Loco Fierro fue sin dudas un líder.
El Negro José Luis fue otro de esos personajes inigualables. Se cuentan miles de anécdotas sobre él. Y si no que le pregunten a Skay, El Indio o la Negra Poli. Yo fui testigo de varias. Recuerdo el último recital de los Redondos que vi en persona, era en el Polideportivo de Gimnasia a mediados de los 80´s, la policía era la encargada de la seguridad en esa época y no paraban de pegarle a los pibes que estaban en la puerta esperando para entrar. El Negro tenía puesto su pasamontañas negro y su remera sin mangas, se subía al escenario y les desenchufaba los instrumentos, le sacaba el micrófono al Indio, los abrazaba y les pedía que no siguieran tocando hasta que la policía no parara de pegar.
Quién sabe, tal vez si le hubieran hecho caso hoy no habría que vengar a ningún Walter.
Cuando entré a la facultad de periodismo me toco hacer una nota sobre las diferencias entre las hinchadas de los dos clubes de la ciudad. Gimnasia jugaba ese domingo con Colón y me fui al Bosque con un par de compañeras. El Negro no tuvo problemas en contestarnos unas preguntas y de ese reportaje me quedó grabada una frase que tomé como una enseñanza a la hora de juzgar algunas actitudes. José Luis era bravo entre los bravos, sin embargo me dijo “Ya no me gusta tanto venir a la cancha, hay mucha violencia” Yo lo miré sonriente, viniendo de él pensé que era un comentario sarcástico; pero siguió “En serio te digo. Antes vos te podías cagar a trompadas dos horas con un tipo de otro club, que por ahí terminabas de pelear y te ibas a tomar un vino con él. Ahora cualquier pendejito saca un fierro, te pega dos cuetazos y te manda a guardar. Hay mucha violencia, está todo podrido”.
Cada vez que escucho a un gil de camisa y corbata detrás de un micrófono culpar a los pobres de la violencia en la sociedad las palabras del Negro retumban en mi cabeza. Con esa claridad que sólo da la calle y esa simpleza que te deja el poder hablar sin deberle favores a nadie, aquel mítico barrabrava, gladiador en tantas batallas, me daba un mensaje contra la violencia. “Violencia es mentir”, dicen los Redondos, o “Cuanto más sube el monito, así es la vida, el culo más se le ve” Y qué razón tienen.
Julio, el cumpleañero, vive a la vuelta de la casa de mis viejos y laburaba de Basurero cuando yo era chico. Por la noche recogía las bolsas en la puerta de mi casa y por la tarde recorría esas mismas cuadras de civil. Lo he visto caer pesadamente desde una torre de iluminación, borracho como una cuba, levantarse cuando todos lo dábamos por muerto, sacudirse la tierra de los pantalones y seguir gritando. Siempre muy correcto en su saludo, nunca supe si de verdad nos reconocía o sólo saludaba por compromiso como un actor puede saludar a un cholulo.
Cuando mi viejo se enfermó hace más de ocho años, perdió muchísimas cosas, así que no podíamos permitir que perdiera también las idas a la cancha. Fue un esfuerzo terrible para todos y más para él, pero allá estábamos, juntos como siempre. Ahí fue cuando Julio empezó a acercarse a darle un beso y decirle “¿Qué hacés tío?”
El viernes pasado tocó el timbre de mi casa y preguntó por el “Tío”. Mi papá no estaba, había salido a dar una vuelta con el enfermero. Él preguntó por dónde andaban y se fue. Al rato mi viejo apareció llorando, emocionado; Julio le había ido a llevar la invitación para el festejo de su cumpleaños número 51.
No estaría mal que aprendamos de estos gestos. En un mundo gobernado por cobardes y debiluchos que se escudan en sus millones y mandan al muere a los demás para que se los defiendan, habría que ponerse a pensar en tomar el ejemplo de los valientes que protegen con su pellejo aquello que aman y están dispuestos a dar la vida por amor, por una ilusión o por un ideal.
No quiero hacer con esto una apología de la violencia, no creo que el fútbol ni ninguna camiseta sea motivo suficiente para que un ñato le pegue a otro. Sin embargo ¿Quién soy yo para juzgar las prioridades de los demás? Sobre todo cuando esos demás tuvieron que aprender a defenderse antes que a caminar y recibieron golpes y privaciones desde que se asomaron a la vida.
Al Loco Fierro lo asesinó por la espalada la policía rosarina, el Negro José Luis se murió cuando su hija Paloma Azul comenzaba a aletear. Julio, el Basurero, está ahí, en la foto, detrás de mi viejo que con el puño apretado sigue gritando por el Lobo. ¡Salud, Julio! Y que cumplas muchos más.
Acá tienen el disco de Walt Disney de 1967, presentando el cuento y las canciones de “Los Tres Cochinitos” Narrado por Carmen Molina y adaptado por Edmundo Santos. Vos sabrás si te ponés del lado del Lobo o del lado de los Chanchos.
Hasta la próxima.

2 comentarios:

Marta dijo...

Como te dijo Leo el otro día, "sos un disc jockey de la palabra": recién finalizando la lectura de la entrada de hoy, comprendí qué tenía que ver el vinilo de Los tres chanchitos dentro de tus comentarios.Siempre repito que de fútbol no entiendo absolutamente nada, como no sé nada de ningún deporte. Me autotitulo Pincharrata como podría decir que soy de Cambaceres. Hice esa elección desde chiquita, pero ni siquiera conozco el nombre del DT. Lo que nadie me podrá discutir nunca es que siempre he sido testigo de la pasión que tanto Papá, como vos y tus hermanos (hasta María José, tan diminuta y tan femenina) sienten por el Lobo. Tengo una amiga de la infancia, Cristina Marín, quien firma sus emails como "Tripera de corazón" y su correo comienza con un contundente "lobolp", refashion, que siempre me sorprende por sentir ese mismo fervor. Algo tendrá "El Lobo de La Plata" ... También puedo agregar que la violencia me asusta mucho, en cualquier orden que se dé.
Lo que no puedo dejar de resaltar es el gesto de Julito al invitar a Papá a su cumpleaños. El lo vivió como si fuera un clásico platense. Y volvió tan feliz de ese asado, adonde lo llevó tu hermano, como si lo hubieran ganado. A Julio lo quiere casi todo el barrio, y tiene gestos tan caballerescos como ofrecerse a llevar la bolsa de los mandados a cualquier señora mayor que vaya cargada. Algo que nunca hizo ningún pituco de la zona.

cristina dijo...

Hola Amigo TRIPERO:
quiero felicitarte por el artículo...además, agradecerte por hacerme recordar a esos "Barrabravas" de mi época...y ¿sabés una cosa?: en elpartido contra Platense yo estaba vivando al Loco cuando se las bancó solito contra los calamares....¡Qué Grande!, al igual que el Negro José Luis.....te escribe una Tripera Vieja o Vieja Tripera que, como vos lleva marcado el azul y blanco en el corazón....porque sabés? del LOBO se nace, los demás...se HACEN....seguí escribiendo así, me hiciste sentir muy feliz!!!!!!!!!!y te prometo que esto lo voy a difundir!!!!!!!!!!!Te mando un beso muy GRANDE y TRIPERO y por favor, mandale otro, tambi´´en TRIPERO, al Conejo a quien recuerdo con mucho cariño....Nos vemos....
Cris
Tripera de Corazón