martes, 11 de septiembre de 2007

¿Conmemoración o festejo?

A esa vieja costumbre que tenemos de conmemorar antes que celebrar, recordando las muertes y no los nacimientos muchas veces le agregamos que recordamos fechas que no tienen por qué ser motivo de alegría o conmemoramos la muerte de la persona equivocada. Y eso es lo que pasa hoy.
Más allá del Gloria y loor, honra sin par para el grande, entre los grandes… que se empecinaron en meternos en la cabeza durante la primaria, los pibes no tienen por Sarmiento el mismo respeto que por otros personajes de la historia. Será intuición, será que de chico uno toma con recelo al que se lo quiere poner como modelo para decirte lo que tenés que hacer, será que el revisionismo histórico logró meter una cuña en este caso a la historia oficial, pero los alumnos entrevén que algo raro pasa con ese viejo con cara de malo.
Y como siempre se dice, los chicos no mienten.
Domingo Faustino Sarmiento es el paradigma del vende patria. Un tipo que siempre miró con recelo lo nuestro, que trató de desterrar todo signo de americanismo para europeizar el país, que prefirió la enseñanza de lo foráneo antes de lo autóctono, y desdeñó nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestras costumbres con el fin de reemplazarlas por otras importadas, actitud que se repitió a lo largo de la historia y se repite todavía sin el más mínimo éxito.
Con la vieja dicotomía entre civilización y barbarie se pretendió que todo lo nuestro era barbarie y todo lo de afuera era civilizado y por lo tanto instaurando lo último se pretendió (y en muchos casos se consiguió) desterrar el respeto y el apego por lo propio. Sin embargo no es desterrando y cambiando sus culturas ancestrales como se hace grande un país, sino tomando todo lo bueno que puedan aportar otras culturas, y no sólo las dominantes, para enriquecer la suya.
Podría tomar montones de aspectos negativos de la vida y obra de Sarmiento, sin embargo aprovechando este día de lluvias y tormentas voy a aprovechar para desterrar aquel mito que nos persiguió durante toda la primaria cada vez que en días como el de hoy queríamos quedarnos en casa en vez de ir a la escuela para tomar la leche en pijama, comiendo pan con manteca y azúcar y, al menos en mi caso, mirar Patolandia tratando de hacer una ventanusca magicusca más o menos respetable.
Para ello tomo la Zoncera nro 17 del libro de Don Arturo Jauretche: “El niño que no faltó nunca a la escuela”. ¿Cuántas veces nos han dicho que Sarmiento no faltaba a clases ni aunque cayera la más terrible de las tormentas? ¿Cuántas nos persiguieron con la imagen de aquel niño emponchado, cubierto por un paraguas en medio del aguacero yendo a que el enseñen a leer y escribir, o a sumar y restar? Pues bien señores, tal como cita Don Arturo en su libro, en San Juan nunca llueve en época escolar. ¡Qué bárbaro! ¡Qué poco civilizado mentirles a los chicos de esa forma! Así es fácil vanagloriarse. ¿Quién sabe si este niño modelo hubiera tomado la misma actitud si hubiera vivido en nuestra provincia? Además si nos mintió en eso es muy probable que también nos haya mentido al decir que no faltó nunca a clases.
Por supuesto que el desarrollo de la Zoncera que hace Jauretche es mucho más interesante que este y no pasa sólo por lo anecdótico. Pero sirva esto para que aquellso que somos padres no volvamos a esgrimir a este señor como ejemplo, no sólo porque no hizo lo que decimos que hizo, sino porque no se lo merece y sobre todo porque no sería bueno criar futuros Sarmientos ansiosos de regar el suelo de la patria con sangre de indios y gauchos.
Decía al comienzo que elegíamos fechas o personas equivocadas para homenajear. Y esto tiene que ver con que hoy es el día del maestro y más allá de lo que pensemos de quien moría hace 119 años es un día para celebrar y homenajear a todas las maestras que han dejado enseñanzas imborrables en cada uno de nosotros. No me voy a poner a decir que fulano es un maestro, o a recordar a Maradona, Olmedo o Fontanarrosa. No hay que confundirse, hoy es el día del maestro y la maestra de escuela. Aquella segunda mamá que además de enseñarnos a leer, escribir, sumar, restar, cantar o pintar nos cobijó con un gesto o una caricia, nos comprendió cuando nos vio bajoneados o nos subió un puntito en una prueba cuando sabía que no pasábamos por un buen momento personal. Uno no recuerda a las maestras que más datos le enseñaron, eso pasa tal vez con los profesores del secundario o la facultad, uno recuerda a las maestras que mejor le enseñaron, aquellas que lograron que le tomemos cariño porque supieron escucharnos, entendernos y guiarnos.
Mi vieja es maestra, jubilada ya, pero maestra al fin. Toda su vida estuvo al servicio de nenes con problemas de aprendizaje, nenes con síndrome de Down, deficiencias severas o moderadas, en la mayoría de los casos en escuelas muy humildes donde los chicos recibían sus únicos platos diarios de comida, se bañaban con agua fría en pleno invierno y se vestían con la ropa remendada que ahí les regalaban. Podría haber escrito varios libros con sus miles de anécdotas. Cuando recuerdo sus esfuerzos por lograr cosas que pueden parecer mínimas con aquellos chicos que no iban a llegar a ser exitosos en su vida, pero que aprendían con ella algunas letras contorneadas con papeles de colores, siempre picando, siempre picando; algunas cuentas; o simplemente normas de convivencia o valores elementales. Cuando recuerdo el cariño con que estos chicos la trataban o el amor con que muchos la recuerdan todavía a pesar del paso de los años. Cuando me acuerdo de aquella personita con autismo que sonreía al escuchar su voz, no puedo menos que emocionarme y sentir orgullo.
Las miles de maestras anónimas que día a día luchan con los salarios magros, la falta de infraestructura y presupuesto, los planes de estudio deficientes, la miseria y la violencia que jaquean a la sociedad, a los pibes y a sus padres, merecen el reconocimiento y el respeto de todos y por supuesto merecen tener hoy un hermoso día a pesar de la lluvia. Pero también merecen el compromiso de que todos aquellos que pasamos por un aula nos unamos a sus eternos reclamos y exijamos una educación mejor.
Por supuesto no podía faltar hoy el disco de Jacinta, nuestra Señorita Maestra. En este caso en su ciclo de 1983, la última y recordada versión que vimos aquellos que no hace tanto pasamos por los 30. La de Cristina Lemercier haciendo de segunda mamá de todos, la de Héctor Fernández Rubio, Efraín, arengando a las blancas palomitas, las de Gloria Carrá haciendo de la buena compañera o Laura Tuny, la Etelvina Baldasarre mala y racista. La del burro Palmiro y el traga Tito.
Con letras de los Ortega y de Abel Santa Cruz, este fue uno de los discos preferidos de mi hermana menor, aunque sin dudas ninguno de nosotros se perdía capítulo de esta serie que a través de los años estuvo rodeada de tantas tragedias.
¡Feliz día del maestro a todos aquellos que lo sean y pasen por acá!
Hasta la próxima.

4 comentarios:

Marta dijo...

¡¡ Gracias por tus palabras, Coke !! Yo siempre les estaré agradecida a mis alumnos, que me permitieron ser maestra, y que todavía me recuerdan y me siguen diciendo, con amor y respeto, "Srta. Marta". Gracias Santiago Alegre por tus travesuras, gracias "Gordo Vitale", gracias Matías por hacerme "Pacu" con un corte de manga, gracias Mario, aunque me hayas tirado por una escalera, gracias a todos ... Fue una etapa muy feliz, en la que también conocí a hermosísimas compañeras que siguen siendo mis entrañables amigas.A ellas, también, mi recuerdo amoroso.

Carlos Farina dijo...

No sé bién cómo llegué a este blog, creo que fue buscando información sobre cosas de los años sesenta y setenta. Coincido en parte con el comentario acerca de Sarmiento: es innegable que sentía admiración por la cultura norteamericana, pero creo que tratarlo de vendepatria es exagerado. Se me ocurre que él quería un país a imagen y semejanza de los Estados Unidos, no una colonia. También, nos guste o no ese pelado con cara de malo, no puede negarse su aporte a la construcción de la educación pública. (Así como no puede negarse el aporte de otros a su destrucción)
Felicitaciones por el blog.
Carlos.

marianart dijo...

Amen Metepua!!!!!! excelente entrada la de hoy.
Hoy justamente que la educacion esta devaluada; que a pesar de todo resiste a fuerza de quienes todavia apuestan a ella y podria hacer terrible discurso de todo esto ya que soy parte de este sistema; pero hoy tus palabras hicieron justicia. Mas alla de lo que cada uno piense sobre la figura de Sarmiento, es justo un homenaje a quienes dejan cuerpo y alma en la tarea de enseñar.
A vos; gracias, y a los maestros que leen este blog: Muy feliz dia!!!
Especiales saludos a Marta que se habra jubilado de las aulas pero permanentemente nos esta enseñando...

K.Chivache dijo...

Bien por lo de Sarmiento, un nazi adelantado. Por lo demás de Cristina Lemercier lo que más recuerdo es la tapa de "Libre". Era muy... rara. Mientras te mostraba una teta te miraba con una ternura digna de Jacinta Pichimahuida. Muy rara...