miércoles, 1 de agosto de 2007

Las herencias de la Pachamama

¡Cómo se va el año! ¿No se dijo nunca esto, no? Pero bueno, ya estamos en agosto y da impresión.
En un día como hoy pero de 1914 nacía mi abuelo Nencio. En realidad su nombre no era Nencio. Su verdadero nombre era ¡¡¡Fioravanti!!! Y ojo, que dije nombre, no apellido. Nunca nos dijo por qué le decían Nencio, sin embargo yo tengo una sospecha. Un día encontré entre sus fotos y papeles un carnet con el nombre Florencio Cosentino. Cuando le pregunté quién era me dijo “Yo. Como me daba vergüenza decirle a las chicas que me llamaba Fioravanti, decía que me llamaba Florencio” ¿Pero no se le ocurrió otro nombre? Realmente, si vas a elegir ya de grande un nombre para ponerte ¡¡¡Cómo te vas a poner Florencio!!! El otro sobrenombre era Fofito. Este era el que usábamos con mis hermanos y primos. Nada que ver con los payasos de la tele. Fofito era un loco famoso de La Plata.
En fin, con mi abuelo compartí muchísimos momentos de mi vida. Tenía un carácter muy difícil, de chico le decían “la vieja rezongona” y la verdad que para los que lo conocimos de grande era fácil imaginarse por qué. Para colmo con los años su carácter fue empeorando. Pero a nosotros nos quería mucho. Y a pesar de su carácter, yo lo sigo queriendo y recordando mucho.
Era él el que nos llevaba a pescar, el que nos llevaba a la cancha con mi viejo, el que se levantaba todas las mañana bien temprano y nos pasaba a buscar a mis hermanos y a mi para llevarnos a la escuela. Era él el que había transformado el fondo de su casa en cancha de fútbol para mi primo y para mí, el que tenía gallinero, el que nos cazaba pajaritos, el que nos festejaba los chistes y las alocuciones, el de las reuniones con amigos y las anécdotas familiares.
Y la verdad he heredado mucho de él. Por desgracia el carácter, aunque a veces trato de mejorarlo, inconscientemente muchas veces surge. Prometo seguir trabajando para mejorarlo.
Mi abuela me decía que también había heredado su nariz, de esto no me quejo la verdad. Por supuesto el club de fútbol de lo que estoy orgulloso. Un sapín que uso para hacer trasplantes en el fondo. Heredé también la “mano verde” para las plantas, gracias a la cual plante lo que plante crece, y algunas cosas más. Pero sobre todo millones de anécdotas y recuerdos.
Hoy también es la festividad de la Pachamama. Y acá hay una herencia a medias de mi otro abuelo. Y es la costumbre de la caña con ruda. Desde tiempos inmemoriales en la familia de mi abuelo materno, los primeros de agosto se toma y se convida la copa de caña con ruda que se preparó el año anterior. Digo que es una herencia a medias porque todos los años me olvido de prepararla y me prometo que para el próximo voy a hacerlo.
Algunos dicen que la copita se toma el 1 de agosto a la mañana y en ayunas. Los más borrachos dicen que el primero se empieza tomando una copita y hay que terminar la botella el 30, que es cuando se prepara la que se tomará el próximo año después de que la ramita se haya macerado y esté completamente blanca. De cualquier modo, es una bebida rica si te gustan las emociones fuertes, y puedo asegurarles que en la familia de mi abuelo la mayoría ha vivido muchísimos años con admirable lucidez.
Como no podía ser de otra manera, para hoy elegí este disco de Margarito Tereré, La Herencia, una aventura para ver y oír. Fue editado por RCA Victor en 1977 y me lo encontró nuestra conocida Marta el último domingo en una feria, junto con otras dos joyitas que desde hace un tiempo estaba buscando.
Es un cuento musical, en el que se suceden canciones, polkas, rancheras, galopes y rasguidos dobles. Margarito recibe un cofre con tres candados dentro del cual está la herencia que le dejó su abuelo y que le permitirá ser feliz y poderoso. Para abrirlo necesita encontrar las dos llaves que le faltan, una la tiene una tribu del sur, la otra una del norte. Pero la lechuza Pataca y Barba Larga deciden robarle a Margarito su Herencia. Después de muchas peripecias, finalmente el yacaré, Capote y Corbata Cuá consiguen abrir el cofre y descubren que la herencia era una carta de su abuelo que decía lo siguiente: “Has ido al norte y has ido al sur, has conocido tu hermosa tierra, de los amigos sos más amigo y hay buena gente que te recuerda. La verdadera felicidad está en brindarte a los demás, serás por siempre rico y feliz si de esta forma sabes vivir. Ningún dinero podrá comprar la gran fortuna que es la amistad”
Del lado B otra vez los rasguidos, canciones y rancheras entre las que hay varios de las más conocidos temas de la pandilla como el taquirari Preguntas, cantado por el Pato Corbata, o la ranchera Regalos para mamá.
Por ahora me despido. Dejo un verso quechua como pedido a pachamama para todos: “Pachamama, santa tierra ¡Haz que nos vaya bien! Danos vicuñas y no nos las mezquines. Danos fortuna y no nos hagas enfermar. ¡Haz que nos vaya bien!”.
Hasta la próxima.

2 comentarios:

Marisa dijo...

Es cierto,al margen del vinilo que esta buenisimo a mi, me pasa siempre lo mismo con la copita del 1 de agosto ¡¡siempre me la olvido!!bueno sera el año que viene!! y asi paso mas de diez.

Marta dijo...

Si lo de la caña con ruda y sus milagrosos efectos es cierto, yo moriré siendo una infanta. Una sola vez en mi vida la probé en mi casa, y el asco que me dio me vació el estómago. Nunca más, aunque la tradición familiar se mantuvo siempre. Ayer, segurísimo que mis tíos, primos y hermanos la "saborearon". A lo mejor ellos llegan a festejar los cien años como la mayoría de mi parientes...