sábado, 25 de agosto de 2007

Hasta el banquito te sacan

Ayer falleció Santos Zacarías, aquel viejo entrenador de boxeo que forjó entre otras las carreras de Sergio Víctor Palma y Martín Látigo Coggi, que llegaron a ser campeones mundiales en al década del 80.
Parecerá raro esta referencia, pero con la noticia de su muerte recordé aquellos años, los 80, en los que miraba boxeo.
Santos Zacarías me recordaba al entrenador de Rocky, aquel viejo canoso que no era otro que el Pingüino que enfrentara a Batman en la serie de la década del 60. Nuestro Batman.
En esos años, fines de los 70 y principios de los 80, se repetían los grandes boxeadores argentinos. El boxeo siempre fue un deporte muy popular en nuestro país, sin embargo en aquella época, probablemente como consecuencia del tamaño de la figura de Carlos Monzón, había peleas a cada rato.
A mi abuelo le gustaban mucho, recuerdo que hasta escuchaba los relatos por radio,en su pieza, a oscuras a la noche, muy tarde después de tomar su infaltable vaso de leche.
Desde ahí me habrá surgido a mí aquel temprano gusto por el box, aunque también hay que tener en cuenta que en aquella época había boxeadores espectaculares. Pipino Cuevas, Marvin Hagler, Sugar Ray Leonard, Roberto Mano de Piedra Duran y Thomas Hearns fueron algunos de los nombres que esperábamos con ansias en aquellas transmisiones en directo desde Las Vegas.
Con el tiempo dejó de gustarme el box. En parte porque la aparición de Tyson como figura estelar nos cambiaba amagues, fintas e intercambio de golpes, por piñas monstruosas que finalizaban las peleas en el primero o segundo round. Y ese bilardismo del box podrá ser muy efectivo pero sin dudas no era un espectáculo que mereciera ser esperado hasta altas horas de la noche.
Pero también es cierto que con los años dejó de resultarme atractivo ver dos tipos peleándose a las piñas por una bolsa de plata. No me voy a poner a juzgar acá si el boxeo es un deporte o no. Los orientales llaman arte a sus peleas y las rodean de un halo misterioso que relacionan con la filosofía. El boxeo está íntimamente ligado a las clases más bajas, por lo tanto lejos de ser arte es considerado barbarie. Como en tantos ámbitos de la vida a través de la historia. Eso si, los ricachones no se perdían la oportunidad de pagar fortunas por sus sillitas al costado del ring para ver como “los negritos” se trompeaban para que ellos se divirtieran.
En nuestro país los boxeadores nunca pudieron dar el salto de glamour que dieron hace unos años los jugadores de fútbol. Sin embargo Sergio Víctor Palma, aquel pupilo de Zacarías, era una excepción a la regla. Hablaba bien, pausado, recitaba poesías, tocaba la guitarra, participaba como periodista en distintos medios o podía sentarse a la mesa de Mirtha Legrand sin que la Chiqui se horrorizara.
Palma fue al boxeo lo que Gambetita Latorre al fútbol. Sólo que los millones que hoy rodean al fútbol hace que todos los jugadores de primera manejen los mejores autos, usen las mejores ropas, o se corten y peinen el pelo con famosos estilistas. Además de salir con las más famosas modelos.
En cambio el boxeo se hunde cada vez más en la miseria y las veladas que hace años “engalanaban” el Luna de Tito Lectoure hoy son una parodia patética de aquellas noches.
Sergio Palma, que se consagró campeón de la Asociación Mundial de Box el 9 de agosto de 1980 derrotando a Leo Randolph, grabó en 1981 este disco en el que hay varias canciones de su autoría como “Cuánto has luchado madre” “Canción de amor adolescente” o “Un mundo de ternura para vos” los otros temas son de Carlos Fernández Melo. Lo acompañaron algunos muchachos con cierto prestigio en la música nacional como Cardozo Ocampo, Domingo Cura, Ricardo Lew o Pepe Motta entre otros. Las canciones tiene ese tinte melódico aporteñado, con coritos, bandoneones, y letras tristonas y melancólicas tan común por esos años.
Ayer murió Santos Zacarías, el boxeo parece estar muriendo desde hace rato. En algún momento representó una esperanza de crecimiento económico y fama para muchos chicos de las clases más postergadas, o la forma de sacarlos de la calle y meterlos en un gimnasio. Podrá discutirse mucho sobre él pero sin dudas es una puerta más que se cerró para aquellos que siguen envueltos en la violencia y en la lucha cotidiana, sólo que enfrentando rivales mucho más poderosos contra los que no tienen ninguna posibilidad de ganar.
Hasta la próxima.

3 comentarios:

Marta dijo...

Nunca me gustó el boxeo. Soy de las que lo consideran barbarie, y lo pongo al mismo nivel de una corrida de toros o de la fiesta del encierro de San Fermín. No lo puedo entender. Sin embargo, recuerdo una pelea (la de Horacio Acavallo con un japonés diminuto ... ¿Fujimoto se llamaba?) que vi varias veces, porque más que un match parecía una coreografía de ballet ...
Parece imposible que tengas discos para cualquier tema. Es impresionante tu colección.
¿Para cuándo unas sevillanas o algo españolísimo? Ahí sí que te ganaría ...

Luis dijo...

A mí tampoco me gusta el boxeo. Y ya que se habla de este deporte y música, podría mencionar al recordado Oscar "Ringo" Bonavena y su simple "Pío pío", de 1966, cuya letra era de Palito Ortega o, más acá en el tiempo, al estadounidense Oscar (otro) de la Hoya, también dedicado a la música. En el rock argentino, hay dos casos de canciones dedicadas a los boxeadores, como ser "No te caigas campeón", que grabó el recordado rosarino Lalo de los Santos o los trashers de Lethal que le dedicaron una canción a Mike Tyson. Saludos.

El Metepúa dijo...

Y no nos olvidemos de Cachito Campeón de Corrientes, de León Gieco. "Y ese señor del auto no aparece por Corrientes..."