martes, 24 de julio de 2007

Las 1000 y 1 que no fueron cuento

Entre los que nombraba ayer del elenco de “El Botón” estaba Mario Sapag y me acordé de este disco.
Las Mil y Una de Sapag es uno de esos programas humorísticos equiparables a los malos presidentes que arrasan en las elecciones pero a los pocos meses nadie los votó. Todo el mundo imitaba las imitaciones de Sapag, valga la redundancia, sin importar si eran o no características reales de los personajes. Frases como “Perdonen mi ignorancia” de Borges; “Pernía es triste, Olguín es alegre, dicharachero” de Menotti con sus manos llenas de cigarrillos o el “Osea” repetido hasta el hartazgo por Maradona o el “Lo dejamos ahí” de Neustadt, se repetían todo el tiempo en todos lados. Sin embargo Sapag con el tiempo pasó al olvido, tal vez por repetitivo es cierto, y la gente comenzó a negarlo hasta que desapareció de la pantalla.
Por este disco de 1984 desfilan Marrone, Menotti, Borges, Oriana Falaschi, Roberto Galan, José Sacristán, Fontana, Sergio Villarroel, Mareco, Maradona, Hugo Guerrero Marthineitz, Bernardo Neustadt, Alejandro Mancini, Menes cuando era gobernador de La Rioja y usaba patillas, Chirolita, Rucucu, ET, Ibañez Menta, Tita Merello, Verdaguer, Alfonsín, Guillermo Nimo, Caputo y varios más, todos en una conversación imaginaria en la sala VIP de Ezeiza esperando viajar a España.
Me acuerdo que en aquellos años de esplendor se vendían en los kioscos las caretas de Las mil y una de Sapag, que venían en unas bolsitas plásticas.
Una noche a la hora del programa la pantalla se puso Negra, de fondo la Marcha Peronista y un locutor con tono serio que anunciaba que debido al mal gobierno de Alfonsín el peronismo había tomado el poder e iba a dirigirse al pueblo argentino la Sra. María Estela Martinez de Perón, Isabelita bah; juro que en casa lo creímos, no sólo yo que era chico, mi viejo también se lo creyó, hasta que apreció Sapag caracterizado gritando “No me atosigueis, no me atosigueis” ¿Alguno recuerda ese episodio?
En fin, como decía, Mario Sapag empezó a perder público y fue desapareciendo de la pantalla y recién hace dos veranos reapareció cuando le puso su voz a la propaganda Gloria al verano de cerveza Quilmes. Sin embargo más allá de algunas apariciones más no pasó de ahí.
Las de las 1000 y 1 eran épocas de fiesta democrática, la gente tenía ganas de reirse, estaba esperanzada y el humor era muy distinto al actual. Más sano dirán algunos, más ingenuo dirán otros, creo que ni mejor ni peor, distinto, y al igual que siempre testigo y reflejo de un tiempo y una sociedad.
Sapag termina el disco diciendo “Señores, les habla Mario Sapag, esta es mi voz, ustedes no la conocen, yo tampoco, les agradezco mucho que me hayan permitido entrar a sus hogares de esta manera, ojalá se hayan divertido, esa fue mi intención, será hasta la próxima en Las 1000 y 1 de Sapag”
Y yo también me despido por hoy. Hasta la próxima.

1 comentario:

Marta dijo...

Recién terminé de escribir un comentario en el blog de Mariart, acerca de los carnavales, recordando los antiguos carnavales, los que viví en La Plata durante mi infancia. Y me preguntaba por qué antes era tan fácil divertirse con cosas simples, inocentes o ingenuas. También estoy de acuerdo con que Sapag terminó aburriendo repitiendo sus imitaciones, pero es innegable que sabía hacerlas y nos reíamos con él.Toda la familia podía reunirse frente al televisor a disfrutar los programas de humor, sin buscar con desesperación otro canal cuando los chistes "se ponen espesos", y los chicos indagan qué se quiso decir ... Otro discazo el de hoy.