sábado, 9 de junio de 2007

Quién les dirá cuando crezcan que los hombres no son niños?

“Ayer vi a un niño jugando a que mataba a otro niño. Hay niños que se parecen a los hombres trabajando”. Estás estrofas cantaba el uruguayo Daniel Viglietti en 1968 musicalizando un poema del cubano Nicolás Guillen.
Ayer vi a un niño jugando a que mataba a otro niño.
Ese mismo año se editaba este disco de Cristian con dos fotos muy apropiadas para la niñez. De un lado el nene, con casco, enarbola una escopeta mientras cubre su cabeza con un casco de guerra. De otro lado, todavía con el casco puesto, habla con su transmisor, posiblemente reportando el número de víctimas.
Completa el cuadro un muñeco de Brutos alucinante, pero por ahora lo vamos a dejar de lado.
Desde hace años se habla del aumento de la violencia en el país, de que los delincuentes son cada vez más jóvenes, de que es necesaria la mano dura o bajar la edad de imputabilidad. Ahí andan algunos ingenieros millonarios rasgándose las vestiduras por los niños delincuentes.
Hay también una idea aceptada axiomáticamente por la mayoría de la sociedad, que culpa de esa violencia a la televisión y los entretenimientos de los chicos en la actualidad. El otro día nombraba a las zonceras y me parece que esta podría agregarse tranquilamente en las últimas hojas del libro. Sin embargo hay que recordar que las zonceras esconden verdades que por escandalosas es preferible no mostrar. En este caso lo que se esconde es que la violencia infantil creció porque creció la desocupación, y con ella la miseria y con esos crecimientos bajó al educación y se perdió la solidaridad y desaparecieron los valores y los códigos y tantos etcéteras más.
Hoy la vida no vale nada. Si un pibe arriesga su vida por robar 30 pesos, y un comerciante o un jubilado por defenderlos, y un miliquito la arriesga en el medio para defender al comerciante y cobrar un sueldo miserable a fin de mes y lo que es peor se por esa acción se cree dueño de la vida del chorro, del comerciante y de los clientes, entonces la vida vale 30 pesos, o menos.
Lo terrible es que aquellos que se llenan la boca hablando de inseguridad y pibes chorros y piden mano dura, son precisamente los que propiciaron esa debacle para enriquecerse a costillas de la miseria ajena. Si alguien tiene mucho es porque otro tiene poco y viceversa. Esto si es un axioma.
La tapa de este disco puede servir para voltear aquel mito de la violencia infantil a causa de la televisión. No hay escena más violenta que la de ese niño y su escopeta jugando a que mataba a otro niño. Y es de 1968. Todavía no había Powers a los que culpar.
Si quieren algo más contradictorio todavía en este simple es que ¡¡¡es un disco de Navidad!!! Del lado A el tema “Otra Navidad” y del lado B el tema “El día de los Reyes” los dos interpretados por Cristian acompañado por la orquesta de Armando Patrono. Y los más increible es que el niño canta (aulla un poquito en verdad) pidiendo al Ave María que traiga amor y paz a todos los niños del mundo que sufren y lloran.
No miremos al costado y enfoquemos la atención en las verdaderas causas y en los verdaderos culpables. Es imprescindible salvar a la infancia de la miseria, la violencia, del abandono, de la falta de educación. Porque como también decía Viglietti a fines de los 60 “Se precisan niños para amanecer”.
Hasta la próxima.

2 comentarios:

Marta dijo...

¡¡ Qué espantosa foto la del disco !! ¿Ese nene será en la actualidad el papá del cuento aquél que mataba a Papá Noel?
Sin querer justificar nada, todos los chicos han jugado siempre con armas de juguete. Mi papá contaba que, como mis abuelos no tenían plata para comprárselas a los seis hermanos varones, se las fabricaban con pedacitos de madera que lijaban hasta darles una forma apropiada. Y no conocí a nadie más pacífico que mi papá y mis tíos.
La violencia entra, tal vez, por el ventiluz con forma de juguete. Pero, como decís vos tan claramente, es la misma sociedad la que abre la puerta grande, la que los convierte en malhechores.
Como siempre, de una tapa de disco hacés una nota magistral.

Marisa dijo...

Sin palabras,una nota increible. ¡¡QUE ESCRITOR!!.