sábado, 2 de junio de 2007

Importan dos maneras de concebir el mundo

Como los pedidos de los lectores del blog son órdenes acá va uno de los discos que me reclamaron el otro día.
Este es “EL” simple de Las Ardillitas de Ginebra Llave.
"Y dame dame dame muchos besitos, hagámonos mimitos, muchos mimitos, juntemos bien juntitos los hociquitos y cuando estén juntitos los hociquitos tú me dirás”
Digo que es EL simple porque este era, sin chivo, el tema de la propaganda. La canción era un Twist; mi papá decía “El Twist se baila así, como si estuvieras pisando un pucho” pero yo soy muy pata dura y nunca aprendí. No heredé esas cualidades de mis viejos.
Este disco me hizo reflexionar sobre muchas cosas. La primera tiene que ver con la propaganda de una Ginebra en un disco infantil. ¡¡¡Grandioso!!! ¿O no?
No se si está bien, en serio lo digo, pero ahora pensar en algo parecido es una locura. Por ahí anda dando vueltas una cadena de email en la que se pregunta cómo hicimos para sobrevivir los chicos nacidos en los 70 y describe algunas situaciones muy graciosas vistas desde hoy por ejemplo: “Andábamos en autos sin cinturones de seguridad, nuestras cunas estaban pintadas con brillantes colores de pintura a base de plomo. Tomábamos agua de la manguera de jardín y no de una botella de agua mineral. Salíamos a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer” y muchas más.
Entre estas costumbres que hoy son impensables estaría también la botella de Ginebra en un disco infantil. Así como seguramente Pucho no hubiera podido tener un cigarro en la boca, y su nombre hubiera perdido sentido.
No soy de los que piensan que todo lo pasado fue mejor y por otro lado me animaría a decir que no están mal algunos recaudos tomados a favor de la seguridad de los chicos. Quiero decir que es correcto alejar a los chicos de cigarrillo o las bebidas alcohólicas sin embargo hay algo que me molesta desde que empecé a pensar en esta nota y creo que ya se qué es.
Todas estas nuevas “medidas de seguridad” están teñidas de una inmensa hipocresía. Están destinadas no a todos los chicos sino a los chicos que económicamente pueden acceder a ellas. Y ahí radica la diferencia con aquellos años. Siempre hubo diferencias entre los chicos, pero hoy son tan atroces que lastiman.
El mismo adulto que se horroriza porque en un programa pasan escenas de “alto voltaje erótico” a la hora que sus hijos están frente al televisor, cree que es normal un chico vendiendo flores en un semáforo, o se enoja con otro que le quiere limpiar el parabrisas o tranquiliza su conciencia dándole a otro una moneda de 25 centavos y ya se cree un paladín de la justicia cuando le da la moneda pero no le acepta la estampita de San Cayetano.
Entonces me pregunto ¿Qué hicimos nosotros para proteger la niñez, además de cambiar el agua de manguera por la Eco de los Andes, la bici y el potrero por Cartoon Network y la caja de las camionetas por el Air Bag o prohibir las publicidades de cigarrillos y bebidas alcohólicas?
Ya es hora de que paremos la pelota y nos sintamos responsables, parte de este presente y hacedores del futuro. No sirve de nada recordar nuestra infancia llena inocencia, de alegría y simpleza si no nos comprometemos a pelear, aunque sea desde nuestro lugar, para que nuestros pibes tengan una mejor.
Armando Tejada Gomez fue un poeta mendocino nacido allá por el 29, en un hogar muy humilde. Canillita, lustrabotas, albañil dejó obras inigualables en las que retrató como muy pocos la realidad de la gente más humilde de nuestro país. La entrada de hoy va a ser muy larga. Les pido disculpas. Pero quiero regalarles un poema de él. Pensé en fragmentarlo pero no encontré una sola estrofa que se pudiera recortar.
Miren en lo que terminó este disco de las ardillitas flequilludas a lo Beatles que en el lado B tiene Muñeca de cera, que fue editado por Odeon Pops y que en la contratapa del sobre tiene la publicidad de un increible combinado estereofónico de alta fidelidad.
Hasta la próxima.

Hay un niño en la calle

A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.
Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba
con las primeras luces de mi sangre, vendiendo
un oscura vergüenza, la historia, el tiempo,
diarios,
porque es cuando recuerdo también las presidencias,
urgentes abogados, conservadores, asco,
cuando subo a la vida juntando la inocencia,
mi niñez triturada por escasos centavos,
por la cantidad mínima de pagar la estadía
como un vagón de carga
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre:
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.
Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos y tesoros
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Dónde andarán los niños que venían conmigo
ganándose la vida por los cuatro costados,
porque en este camino de lo hostil ferozmente
cayó el Toto de frente con su poquita sangre,
con sus ropas de fe, su dolor a pedazos
y ahora necesito saber cuáles sonríen
mi canción necesita saber si se han salvado,
porque sino es inútil mi juventud de música
y ha de dolerme mucho la primavera este año.
Importan dos maneras de concebir el mundo,
Una, salvarse solo,
arrojar ciegamente los demás de la balsa
y la otra,
un destino de salvarse con todos,
comprometer la vida hasta el último náufrago,
no dormir esta noche si hay un niño en la calle.
Exactamente ahora, si llueve en las ciudades,
si desciende la niebla como un sapo del aire
y el viento no es ninguna canción en las ventanas,
no debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada,
no debe andar la vida, recién nacida, a precio,
la niñez, arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son dos fardos inútiles
y el corazón, apenas una mala palabra.
Cuando uno anda en los pueblos del país
o va en trenes por su geografía de silencio,
la patria
sale a mirar al hombre con los niños desnudos
y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre
que historia les concierne, qué lugar en el mapa,
porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra
la espalda escandalosa de las grandes ciudades
nutriéndose de trigo, vides, cañaverales
donde el azúcar sube como un junco en el aire,
uno encuentra la gente, los jornales escasos,
una sorda tarea de madres con horarios
y padres silenciosos molidos en la fábricas,
hay días que uno andando de madrugada encuentra
la intemperie dormida con un niño en los brazos.
Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores
que en París han bebido
por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa
en donde han sorprendido la soledad de frente
y la índole triste del hombre solitario,
en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian
de amantes esta noche, de médico esta tarde,
porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo
y ellos son los accionistas de los niños descalzos.
Ellos han olvidado
que hay un niño en la calle,
que hay millones de niñosque viven en la calle
y multitud de niñosque crecen en la calle.
A esta hora, exactamente,
hay un niño creciendo.
Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie proteje esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle...

3 comentarios:

Marta dijo...

¡¡ Qué entrada la de hoy !! Para reflexionar mucho, ¿no? Y tenés razón en todo.Tu generación, como la mía, pudo jugar en la vereda hasta la noche, con las puertas de todo el barrio abiertas de par en par, para que el maratón infantil entrara y saliera cuantas veces hiciera falta. De tu infancia no han transcurrido ¡¡tantos !! años como desde la mía, pero todo ha cambiado tan vertiginosamente que parecería que hubiera pasado hace cientos de años.
Yendo al disco de hoy: a mi casa (yo era adolescente)llegó de la mano de mi mamá, porque le encantaba la propaganda. Me acuerdo que yo lo pasaba en 16 rpm sólo para escuchar a los intérpretes (¿Eran los Shakers?)cantando con sus voces normales en slow. Mi mamá (quien, como he contado tantas veces, se escandalizaba de todo)nunca cuestionó que Las ardillas fueran quienes le hicieran la propaganda a una Ginebra ... No pasaba por ese costado la maldad ... Todo cambió demasiado, Pouppé de sing, Pouppé de song ...

elcarpo dijo...

Conmovedora la poesia de Tejada Gomez. Estoy de acuerdo con algunas cosas de las que decis, pero no creo que sea solamente hipocresia. Es muy cierto que son tiempos dificiles para muchos, y que algunos niños tal vez esten mas portegidos que otros, pero no por eso quienes protegen a sus hijos esten actuando hipocritamente, ni mucho menos, tengan responsabilidad sobre esos muchos otros chicos a los que nadie protege. Si, claro, a todos se nos parte el alma y, por desgracia, nos vamos habituando a verlos. Pero vamos, esos chicos tienen o tuvieron alguna vez padres. No les cabe a ellos esa responsabilidad? Por ser de bajos recursos estan eximidos de culpa? No se, quiero creer que hay muchas personas en condiciones pauperrimas que aun asi no mandan a trabajar a sus hijos, y al menos se preocupan un poco por ellos...

Espero que se entienda que no estoy diciendo que los pobres tienen la culpa de ser pobres ni mucho menos, estoy simplemente diciendo que estoy seguro de que podrian enfrentar la vida con un poco mas de dignidad (vamos, que este pais esta lleno de historias de inmigrantes que llegaron en condiciones pauperrimas, creo que todos conocemos alguno...) Ya se, las condiciones cambiaron, pero no estoy tan seguro de que eso sea una buena excusa...

Marisa dijo...

Muy linda la entrada de hoy.
Nos dejas sin palabras como siempre,y pensando mucho.