viernes, 1 de junio de 2007

De Interés General

No es habitual acá más de una entrada por día, sin embargo me pareció buena esta nota y sirve para festejar los primeros 1000 visitantes desde que pusimos el contador. (Siempre hay un motivo Real para brindar, con sidra Real, con sidra Real)
En mi laburo reciben no se cómo la revista Acción en defensa del cooperativismo y el país. Y me la dan a mí. Esta vez apareció una nota que tiene que ver con lo que a diario nos une y me pareció piola subirla, cosa que tampoco había hecho nunca acá. Copio y pego un resumen y si quieren leerla entera están a un click de distancia desde el siguiente link: http://www.acciondigital.com.ar/15-05-07/agenda.html y de paso conocen la revista. Espero que no les moleste.

Vinilo versus CD
Discos eran los de antes.
Autor Horacio Fiebelkorn

El disco Cuckooland, del británico Robert Wyatt, dura más o menos lo que duraba un long play doble: setenta y pico de minutos. Wyatt se encarga de recordarnos esta vieja referencia con una pequeña incisión en la mitad: más de un minuto de silencio total, como si recreara la escena de quitar de la bandeja el disco 1 para colocar el disco 2. No es un acto nostálgico sino la evocación, casi una demanda, de un formato que, con sus imperfecciones a cuestas, requería de la interacción del escucha.El CD nos ahorra la intervención. Y en el ahorro, está la clave de muchas cosas. Ahorro de tiempo y de espacio: se requiere menos lugar para guardarlo. Urge economizar esos segundos que se pierden en dar vuelta un disco. Sumemos esos segundos a otros y habremos obtenido horas, días, meses, años, que podrán utilizarse en buscar nuevas maneras de ahorrar tiempo y espacio. De este modo las corporaciones lograron un objeto de inferiores costos de producción y los beneficios fueron, son y serán para ellas.En su momento el canadiense Neil Young sostuvo que como el CD tiene formato digital, lo que en él se escucha no es música como tal sino sonido dispuesto en forma de códigos binarios. Todos los detalles de una canción pueden advertirse en la primera escucha, y eso –decía– hace que el cerebro no se sienta impulsado a poner el CD por segunda vez.Pese a todo, el formato CD se impuso en el planeta: era el summum de lo moderno, signo de estar “dentro del mundo”, lo que forzó la compra masiva de nuevos reproductores, y una generación entera comenzaba a vincularse con la música mediante el nuevo soporte. El oído medio se estandarizó y perdió capacidad crítica, y se cerró así un círculo entre el producto, el vendedor y el consumidor.De principios de los 90 procede, también, la idea de que los CDs “no se rayan”. Y si bien hay que admitir que en los momentos de silencio el compact no exhibe frituras, la realidad mostró que un CD rayado es mucho peor que un vinilo en igual condición. (...)
Lo que sigue de la nota es muy interesante también y como ya les dije, si no lo hicieron todavía pueden ver el resto en la página de la revista. Sin embargo me gustaría agregar que hay un aspecto más que se perdió con la desaparición del vinilo y que tiene que ver con el arte de Tapa. Verdaderas obras de arte, en muchos casos, protegían nuestras queridas joyas negras y más de uno habrá comprado un disco desconocido atraído por su tapa. Aguante el vinilo entonces y las púas con punta de diamante. Hasta la próxima.

2 comentarios:

Marisa dijo...

¡¡Muy interesante la nota!!Saludos.

Marta dijo...

¡¡ VIVA LOS VINILOS !! Hace una semana cumplió mi misma edad (hermosos y gloriosos 60 años)una muy querida amiga, y ponderé mi regalo "en serio" con un simple de Pérez Prado, a quien ella admiraba en la adolescencia, y que encontré casualmente o causalmente buscando otros. Lo escucha a cada rato y dice que la "hace sentir joven". Hoy, cae en la nueva década otra de mis amigas,( quien se puso de novia con quien sigue siendo su novio/ marido, bailando con el Paul Anka de los años 1961/1963), y para quien también hallé un simple de él de aquella época. Descuento la alegría que le dará el recibirlo, porque no somos muchos los que andamos buceando en las arcas de aquellos recuerdos. Por lo menos, no son muchos los de mi generación.
Y juro que es preferible escuchar un vinilo rayado que un CD gastado ...