viernes, 27 de abril de 2007

En el Bosque me enamoré de ti

Hablaba la otra vez de los discos del cuento de Pedro y el Lobo narrado por Narcizo Ibáñez Menta, que por ser 78 RPM no podía escuchar en mi bandeja. Lo mismo me pasa con estos que recibí de regalo la semana pasada. Sin embargo, además de saber que en algún momento los voy a escuchar, es un placer tener un material tan antiguo y a la vez tan impecable como este. A propósito ¿Alguno hizo arreglar el Winco donde nos dijo Leo? ¿Se juntaron a escuchar música y tomar mates con facturas por lo menos?
¿Qué decir de Caperucita Roja verdad? Podríamos hacer una encuesta, pero sospecho que debe ser el cuento que más veces se ha contado a los chicos, al menos por estas Pampas. Este cuento de Charles Perrault que tiene más de ¡¡¡300 años!!! y fue, según cuentan, recuperado de la tradición oral, es tal vez la antítesis de los cuentos del disco de ayer, el de Catita.
Situaciones violentas, torturas físicas y sicológicas, persecuciones, encierros, engaños, envenenamientos y asesinatos entre muchos otros crímenes atroces, se cometían en los cuentos de Perrault (El Gato con Botas, Pulgarcito, Cenicienta o La Bella Durmiente) así como, por ejemplo, en los de los hermanos Grimm (Hansel y Gretel, Blancanieves) Se suceden hechos tan violentos que impresionarían al más bravo de los Power Rangers. Sin embargo son estos y otros programas similares que miran los chicos de hoy, los criticados y responsabilizados de la violencia y no aquellos cuentos que se viene repitiendo desde hace siglos.
Hay varios debates como estos que me gusta tener. Internet y las 24 horas de televisión por cable en contraposición a la plaza y las tres horas diarias de TV son hoy criticados como lo eran, cuando éramos chicos, la televisión en si misma en contraposición a los radioteatros de antaño. Se culpa a la tele de la falta de comunicación entre padres e hijos, a los Power y las armas de juguete de la violencia, a las computadoras de la falta de imaginación y así podemos hacer una lista interminable. Sin embargo me parece que en algún momento vamos a tener que poner el foco sobre las causas reales de todos estos hechos. Al menos si queremos cambiarlos para bien de nuestros hijos.
Por lo pronto creo que la falta de comunicación está más ligada a las obligaciones desmedidas a que se nos somete en todos los ámbitos lo que nos lleva a que todo tenga que ser urgente, pragmático y exitoso y nunca tengamos tiempo para nada. Sin dudas, al menos para mí, la violencia cada vez más grande y más infantil está más emparentada a la miseria creciente y a la falta de posibilidades que a los (horribles) ninjas japoneses. Y por último, la falta de lectura no creo que esté ligada a la red de redes (basada precisamente en la lectura) sino a la pauperización de la educación cada vez más preocupante. Una pauperización que está ligada a los nuevos horizontes que se piensan para los chicos, que hacen que, por ejemplo, en las escuelas primarias se reemplacen las horas de música o dibujo por horas de inglés y computación preparando a los chicos que pueden estudiar para ser empleados de multinacionales y no soñadores, cuando existe la posibilidad concreta de que esas y todas las materias se enseñen usando las computadoras o el inglés.
Pero mirá vos a dónde me disparó este libro de Caperucita Roja. Y bueno, a veces me pasa, empiezo por algo y me voy por las ramas.
Y ahora que digo ramas, me acuerdo por qué elegí este disco para hoy. Hoy cumple 83 años el estadio del Bosque, aquel que un grupo de delincuentes con carné abandonaron hace un tiempo, precisamente por anteponer un supuesto progreso a los sentimientos, sin entender que ambos pueden ser compatibles. Pero bueno, ese es otro tema. Hasta la próxima.

5 comentarios:

Marta dijo...

Coincido en todo con vos. Me crié escuchando esos antiguos cuentos, al igual que los de mi generación y los de las antepasadas (inclusive, en El tesoro de la juventud, que yo leía desde muy chica, hay una versión de La cenicienta mucho más horrorosa, en la que las hermanastras, para que les cupiera el famoso zapatito, llegaban a cortarse los dedos de los pies y los talones por consejo de la madre). Los cuentos de hadas malignas y gnomos espantosos y llenos de maldad, abundaban en aquellos tiempos. El flautista de Hamelin me hacía temblar de miedo. Hasta algunas canciones de cuna eran para meter julepe: "La rueda de un carro a un niño mató, la Virgen María lo resucitó"..."La loba, la loba vendrá por aquí, si este niño malo no quiere dormir". Sin embargo, no incentivaron mi violencia. Ni la mía ni la de tantos que conozco. El hambre, la injusticia, la negación de los derechos humanos más elementales son la causa y el origen de que cada día nos horricemos más ante tanta barbarie. Nos espantamos al ver a los chicos con las bolsitas de pegamento desde que empiezan a caminar. ¿Alguien les dio otra opción, a ellos o a los padres?
Y, si vamos analizarlo, con el cuento de Caperucita, al menos, aprendíamos que no había que desobedecer los consejos de mamá porque algún peligro siempre acecha. Sí, coincido con vos, Metepúa, también con los planes de estudio muchas veces mal aplicados porque a los docentes tampoco se les reconoce el derecho de capacitarse y actualizarse.
Y colorín colorado ...

Marisa dijo...

¿Cuando nos vas a dar la noticia.. que vas a escribir un libro?.¡¡Lo tendrias que hacer!!, por que lo haces muy bien...Te brota por los poros,le pones muchisima pasion a todos tus comentarios, de una forma que eriza la piel.
Nos estamos perdiendo un escritor de aquellos..EXITOS.

Leo dijo...

Estimado Jorge y demas lectores,
No se como ordenar las ideas, pero probemos:
A.- estuve unos dias demorado con la lectura del blog.
B.- se debió a un motivo que paso a narrarte: toda la semana pasada estuve ocupado debido a que, para alegria de todos... VUELVE EL RASTI!!!!! Si! el juego de ladrillos que tanto nos divirtio en los 70´s y 80's. (tambien, lo que me permitio conocerte a vos y este blog)
Te/les cuento que formo parte de un grupo de coleccionistas y constructores de modelos y tuvimos la primicia de la vuelta de parte de sus fabricantes (Dimare SA). Como te imaginaras esa noticia causo un revuelo tremendo en el foro y eso ocupo casi todo mi tiempo en internet.

C.- Contesto a este posteo en particular porque ambos puntos anteriores vienen a colación de lo dicho con respecto al tiempo que uno pasa con los hijos compartiendo actividades.
Estoy muy de acuerdo con vos en las ideas que comentas acerca de la velocidad y el exitismo hoy en dia. Por eso, el RASTI es uno de los juegos que mas me permite compartir tiempo con mi hijo, que adquiera conocimientos utiles, que le da seguridad y una curiosidad por el funcionamiento de las cosas.

Fue muy grato leer tu blog y darme cuenta que como padres tenemos conceptos similares.
Queria compartir esto con vos y con los lectores del blog.

Quedamos en contacto.

El Metepúa dijo...

Bueno, Leo, me imagino tu alegría y comparto los conceptos que nos dejás. Aunque debo confesarte algo: ¡Yo era de Mis Ladrillos! En algún lado leí que Mis Ladrillos era la marca de los que no podían comprar Rasti, realmente no se si habrá sido así, pero yo tuve cajas espectaculares de Mis Ladrillos cuando era chico y realmente me daba una bronca bárbara cuando en un cumpleaños recibía alguan cajita de repuestos Rasti porque no podía combinarlo con ninguno de mis bloques. Sin dudas es una gran noticia. Es cierto que hay otros juegos de bloques que cumplen la misma función, pero los que frecuentmos este sitio sabemos que no es lo mismo el Cd que el vinilo, el Jack que el Kinder, el Galgo que el Hotweels y, por supuesto el Rasti que el Lego. Ojalá algún día podamos ver alguna de tus construcciones y sin dudas trataremos de contribuir con tu colección. Muchas gracias por compartir tus emoción con nosotros como lo hacen los demás, eso le da sentido a este sitio. Un abrazo.

Marta dijo...

¡¡ Mirá qué buena noticia aporta el amigo Leo !! Cuando yo era chiquita existía el Meccano ... Mi hermano tenía uno, y se hacían verdaderas obras de arte, usando tornillos, tuerquitas, arandelas, en fin, había que ser un poco ingeniero. El había hecho un molino de agua que funcionaba con un motorcito. Y apareció el KEFACIL, una réplica del Meccano en plástico blando que se encastraba por los bordes. Yo soñaba con construir "La vuelta al mundo", porque era el juguete que aparecía armado en la publicidad, pero se necesitaban millones de piezas para lograrlo, y nunca alcancé esa cantidad de bolsitas ...