jueves, 29 de marzo de 2007

Hoy nos habla Pipo Pescador

Como todos los jueves subo una entrevista de alguno de los personajes que tuvieron que ver con nuestra infancia. Sin embargo, esta vez no transcribo una entrevista de alguna revista vieja y de páginas amarillentas. Esta entrevista a Pipo Pescador apareció hace dos o tres años en una revista virtual (en internet, bah) dedicada a los niños y a los padres. La revista se llama Planetario y está a disposición de todos en la WEB.

“El niño exige una entrega afectiva”


Antes de que el propio Enrique Fischer, el hombre detrás del personaje, llegue a abrirnos la puerta del ascensor, Greta, una bulldog de pelo grisáceo, se acerca a recibirnos. En el living, luminoso, el piano de cola es el mueble más grande. Sillones y muebles de estilo, alfombras persas y tapices antiguos completan la decoración.Pero la entrevista se realiza en otro cuarto, una especie de comedor diario con una mesa larga y llena de papeles. Sin mediar preguntas nos dice: “Yo creo que el género infantil, en una sociedad tan cruelmente globalizada va tendiendo a desaparecer como la expresión natural, espontánea y fresca de los adultos hacia los niños. Los productos internacionales, masivos y fuertemente promovidos que llegan a los niños no son el resultado de un acto afectivo, creativo, personalizado sino que son emitidos por grandes corporaciones que avasallan y aniquilan toda expresión que no esté controlada y organizada por esas grandes empresas. Sólo queda el espacio creativo de lo doméstico, el acto de la escuela, las fiestas de cumpleaños, lo que hacen padres y maestros para los chicos en el jardín…”.
La pregunta surge casi como reacción.
¿Y la gran cantidad de grupos de música y teatro para chicos que surgieron en los últimos años?
Sí, pero quedan limitados, restringidos a los pequeños grupos que los consumen. Lo que va tendiendo a desaparecer es el punto intermedio. El artista de jerarquía, con trayectoria, que puede en un sano punto medio conservar la frescura de la cosa creativa independiente y también alcanzar cierto grado de desarrollo de la puesta y de la producción que le permita funcionar a lo grande dentro del país y los países limítrofes. Pero a mí me preocupa esto, porque no lo veo sólo en la Argentina sino que es un fenómeno mundial.
Enrique Fischer nació en Gualeguaychú, Entre Ríos. Pero aunque su personaje surgió en La Plata mientras estudiaba escenografía en la escuela de Bellas Artes, está construído a partir de su propia historia. “Pipo Pescador es un hippie”, dijo alguna vez. “Nació y se conformó en los años ‘60, con zapatos de plataforma y pantalón elefante, con flores por todos lados. La boina que lo caracteriza proviene de los gauchos vascos de mi provincia. Y el acordeón tiene que ver con mis ascendientes alemanes.”A los 19 años, se presentó en un salón de fiestas infantiles con su acordeón y sus títeres, “una vieja pasión de la infancia”.
“En Gualeguaychú tenía mi propio teatro de títeres en el garage de mi casa y los fines de semana hacía funciones para los chicos del barrio”, cuenta.Desde ese día no dejó de tener trabajo como animador. “Cantaba las canciones de María Elena Walsh y los payasos españoles, aunque al poco tiempo empecé a escribir las mías: El Eco, El Auto de Papá, El Canguro. Tuve que dejar de estudiar porque empecé a tener muchos contratos.” Por eso, sostiene: “yo no elegí a los chicos; ellos me eligieron”.
Actor, músico, escritor, ¿cómo se define?
Yo creo que soy un escritor, básicamente, que por tener posibilidades de tocar piano, hacer música y tocar el acordeón me fuí transformando en un trovador. Porque pude agregar a lo que escribía, la música, la interpretación y el histrionismo de jugar con los niños. Yo no soy un actor, nunca actúo de nada, lo único que cuando estoy vestido con la ropa de ceremonia de Pipo dejo afuera completamente lo que serían las expresiones de la persona para transformarme en un personaje que canta, que baila, que dice cosas. Y lo despojo de lo personal y privado.
O sea que no hay tantas diferencias entre Pipo Pescador y Enrique Fischer.
Pipo Pescador es Enrique Fischer controlado y orientado hacia el encuentro con el niño. Es como pasteurizado, colado, blanqueado, hervido, preparado para el niño. Ese que aparece en el escenario está totalmente descontaminado de mis preocupaciones como adulto. Pipo canta sus canciones, da a los niños sus cosas y tiene sus puntos de contacto con la realidad pero dentro de un código, del código del trato con el niño.
¿Cuál es ese código, cómo comunicarse con los niños siendo adulto?
Afectividad, talento, misterio… -piensa unos segundo y repite- Afectividad, talento, misterio y una actitud lúdica y de entrega que es propia del niño. Cuando un niño juega está entregado de cuerpo y alma a lo que hace. El artista para adultos, a veces puede con pura técnica ocultar lo que le pasa. Por ejemplo, puede venir de un velorio y una vez arriba del escenario hacer reír a a carcajadas al público sin que nadie se de cuenta. Al artista infantil se le hace más difícil prescindir de sus sentimientos, porque el niño exige una entrega afectiva y un creerse profundamente lo que se hace que no es tan fácil de disimular.
¿Cuál es el secreto para perdurar, siendo que los chicos de hoy no son los mismos que los de los ‘70?
En realidad, no perduro; ya soy parte de esta sociedad. Es como si me preguntaras por qué las milanesas perduran en las costumbres de la mesa. Yo hace 35 años que soy Pipo. Formo parte de las costumbres de la gente y cuando hago teatro en vacaciones siempre tengo un público que me sigue. Y cada tanto recibo premios importantes que me vuelven a poner en la palestra. Hace dos años me dieron el Carlos Gardel, el año pasado estuve nominado al Ace y seguramente este año recibiré otro premio. Yo ya tengo mi lugar propio. Como lo tiene (Carlitos) Balá, como muchas personas.
¿Pero cómo llega a los chicos de hoy, que no tienen registro de esa historia?
El niño es mitad él y mitad el entorno familiar, afectivo, cultural. Cuando voy por la calle, veo que a lo lejos una mamá se agacha, le habla a su hijo, me mira a mí y el niño me mira. Ahí le está pasando el libreto de quién soy yo y qué hago yo. Entonces, cuando la madre me lo manda a pedir un autógrafo, yo lo recibo con la naturalidad de un abuelo que ya lo conoce…
Estoy por cumplir 60 años y me están pasando muchas cosas adentro mío, así que quiero estar un poco conmigo. Estoy escribiendo mucho, leyendo mucho. Pero además no creo que estén dadas las condiciones para trabajar ahora, acá. En la medida en que no se pueda resolver un poco las urgencias económicas básicas… no podemos hablar de llevar al niño al teatro si no le podemos dar de comer. Con los 17 o 18 millones de personas que están por debajo del nivel de pobreza hablar de teatro para niños es casi una frivolidad.”, dice.
¿Y la televisión?
Podríamos hablar de televisión para niños de buena calidad porque sabemos que hay miles de chicos que no van al teatro pero ven tele. Pero la televisión de hoy busca artistas como si buscara un chocolate, un alfajor o un paquete de fideos, le saca el provecho en 4 o 5 meses y pasa a algo nuevo. Sucede que es un medio comercial y nosotros pretendemos que se transforme en un medio cultural. Pero no podemos exigirlo porque lamentablemente no están dadas las condiciones para que lo pueda ser. De todos modos, la televisión no tiene la culpa de que la escuela esté en crisis, ni de que la familia esté desintegrada.Por ahí, habría que hacer un arreglo entre el estado y los canales para crear una televisión que cubra las necesidades de los niños. Por ejemplo, Estados Unidos después de Vietnam apareció con “Plaza Sésamo”, un convenio que hizo el gobierno con sus estados para producir una televisión que le fuera útil y constructiva a los niños norteamericanos. O en España, después de la muerte de Franco, yo participé haciendo “La Cometa Blanca”, un programa que daba el estado en la Cadena 1 y 2. Yo todavía estoy esperando, ya que siempre dicen que van a hacer una televisión constructiva para los niños, a ver si puedo ayudar humildemente a armar una propuesta televisiva que cubra las necesidades de los niños. Pero eso está muy lejos, por eso vuelvo a lo que decía al principio: La expresión infantil, lo que llamaríamos el arte para niños está doblando una curva muy peligrosa, que puede sacarlo de la pista para siempre.
¿Cuál sería la estrategia para evitarlo?
No, yo no lo sabría. Además se ciernen problemas muy grandes para el mundo que va a ser muy difícil que estemos pensando en la niñez como un bien rescatable o cuidable. Porque la niñez no existió siempre. Francoise Dolto en “La Causa de los Niños” explica que la niñez es un concepto victoriano. Pero, en realidad, cuando la cosa se pone muy dura la niñez como concepto se desvanece. Y yo creo que ahora la niñez está diluida. ¿De qué niñez me estás hablando con niños que están viendo la gente degollada, que están metidos en los problemas económicos?. Porque, ¿qué es la niñez? La niñez no es más que un ámbito que los adultos creamos ante el deseo profundo que nos provoca el que nuestros hijos puedan sostener una vida de ilusión. Es como un regalo que le hacemos: un mundo de ilusión que empieza desde que nace y que antes duraba hasta los quince, pero ahora cada vez menos.
Me pareció una muy buena entrevista porque tiene muchas puntas que sirven para hacernos pensar y debatir. Como los discos de Pipo Pescador. Será hasta la próxima.

2 comentarios:

Marisa dijo...

Muy buena la entrevista de hoy, como siempre,,, gracias por compartirlas..

Leo dijo...

Desde hace mucho pienso que este tipo la tiene muy clara. Para muestra está la última respuesta. Ademas, nunca se me habia ocurrido pensarlo desde ese lugar. De que infancia podemos hablar en esos niños de Medio Oriente que vemos cargando (y usando) armas a los 7 u 8 años. Gracias a Dios que se tomo conciencia!
Un saludo/Leo