lunes, 19 de febrero de 2007

Plata o Paciencia

Hay un tema del que siempre hablo con amigos y conocidos coleccionistas y es el de la paciencia. Cuando yo empecé a coleccionar compraba las cosas en Internet a precios, digamos, lógicos. En algún momento comenzaron a subir las ofertas y con ellas los precios de la mayoría de artículos coleccionables.
Muchas veces es desesperante ver cómo se escapan los artículos que uno buscó durante mucho tiempo porque quedan lejos del alcance de nuestros bolsillos. Por suerte un día tuve una charla, café de por medio, con el dueño de un negocio de antigüedades de San Telmo. Esa mañana yo había ido a buscar un muñequito Jack de Anteojito y este vendedor me dijo algo que me pareció muy cierto “los coleccionistas siempre creen que nunca más van a tener la oportunidad de comprar el artículo que tienen frente a la vista y ofrecen mucho más de lo que vale”Tomé el consejo y decidí ponerlo en práctica, no sólo porque me parecía bueno, sino también porque no me quedaba otra. A la falta de guita hay que oponer la paciencia.
Tengo varios ejemplos para graficarlo, pero voy a contar dos. Una noche suena el teléfono en mi casa, un vendedor de la feria de Parque Los Andes a quién había dejado una lista de “buscados” me llama para decirme que tenía el disco de Pepe Payaso y Ratontito, sin uso. Me lo dejaba, por ser yo (como les dicen a todos) a $15. Acepté la oferta porque hacía bastante que lo buscaba y me comprometí a viajar desde La Plata el sábado siguiente. Este vendedor es un personaje que todos los que pasean por esa feria conocen, pocos pelos, bigotitos y bastante mal llevado. Llegué a la feria, me presenté, me dio el disco y al momento de pagarle me dice “no, son 25” a ese precio no lo compraba y él insistía con que lo llevara porque no lo iba a conseguir en otro lado. Por suerte le hice caso a aquel consejo recibido un tiempo atrás y al poco tiempo pagué 10 por el mismo disco, con un poco de uso pero en muy buen estado. Yo no perdí nada, él un cliente.
El segundo ejemplo tiene que ver con el Pato Carret. Siempre fui a la escuela a la mañana, por lo tanto sólo podía ver Patolandia en vacaciones o cuando faltaba. Uno de mis sueños de aquella época era poder ganar el concurso de la Ventanusca magicusca dibujasca. Me conformaba con poco como verán. Así que tenía muchas ganas de tener el disco de Patolandia con esa canción, la del Profesor Enciclomusico, o aquella que decía que ninguna jaula de oro o pecera de cristal eran mejores que la Libertad. No lo encontraba por ningún lado hasta que un día aparece publicado en Mercado Libre a ¡$50! Decidido a hacer un esfuerzo ofrezco $40 al vendedor y le propongo encontrarnos ese mismo sábado en Villa Crespo, cerca del local de Retro Magia Cómic, adonde voy cada vez que puedo a mirar joyitas y charlar de ortografía. No hubo caso, el vendedor prefirió republicarlo varias veces pero no bajaba un peso.
Ese sábado fui igual, y antes de volverme pasé por Parque Los Andes a ver si había algo. “Hola Amiguito” me dijo Alfredo que a esa altura me reconocía pero no tenía muy en claro qué era lo que buscaba. “¿Infantiles querés? Ayer me entró uno del Pato Carret, esperá que lo busco” Crucé los dedos hasta que apareció y los dejé así hasta que me dijo el precio. Por quince mangos me lo traje y tomé el tren sonriente y satisfecho como pocas veces.
Nunca envié ninguna Ventanusca, pero qué lindo era despertarse, escuchar que llovía y que mi mamá nos dijera “si no quieren no vayan” Cada vez que pongo ese disco recuerdo aquellas “ratas” consentidas.
Así que amigos, si quieren tomen el consejo: Si no tienen muchos billetes para llenar la billetera, lo mejor es llevar una mochila para la paciencia. Y yo estoy seguro que algún día, revolviendo algún cajón de saldos aparecerán el Long Play de Titanes del 82 o el del Payaso Firulete o algún otro de los que busco desde siempre, y ahí si me verán saltando de contento abrazado al vendedor
Por supuesto que también las hay perdidas, con discos por los que pagué mucha plata y ahora aparecen en todas las mesas de ofertas. Pero esas no se cuentan. Hasta la próxima.

2 comentarios:

Marta dijo...

Lo de la paciencia lo aprendí de vos, pero ... ¡¡ cuánto esfuerzo cuesta tenerla !!! Aunque no lo confieses, sé que vos sentís lo mismo que siento que yo cuando hay que dejar "abandonado" en un puesto o en un mostrador la perlita que has buscado o encontraste sin pensarlo, sólo porque algún vivo se quiere hacer el día a costillas de tu billetera o de tu fervor coleccionista. La sensación es la de un dolor de estómago con opresión en el pecho y en los puños (para no fajar al vendedor) y una impotencia igualita a la que sentíamos frente a la vidriera de la juguetería y, ante el pedido desesperado, nuestros padres respondían "Es muy caro", o "No tengo plata". O la que podemos haber llegado a sentir frente a los zapatos algún 6 de enero, cuando los Reyes nos dejaron un reemplazo de lo que tanto habíamos deseado hallar. A mí me pasó pero me vengué: al año siguiente no les dejé ni pasto ni agua ni nada, ¡¡ qué embromar !!
Por eso ahora, como reivindicación, si encuentro algo que vale la pena, lo compro, aunque vos me digas "Es muy caro, ya va a aparecer en otro lado".
¡¡ Gustos que puedo darme y darte ahora y que me dan una gran satisfacción, porque (además) puedo demostrarte que sigo mandando yo !!!!!

Leo dijo...

Es cierto lo que decis, pero a la vez coincido con Marta.
Cuando puedo, aun cuando soy consciente de que me estan matando,
compro y no pienso en lo gastado sino en lo obtenido.
El tema del coleccionismo siempre tuvo gente que vivio de la desesperacion
de los demas. Da bronca que esa persona que tiene la habilidad de conseguir
lo que nos interesa y que por eso nos deberia caer simpatica, termine siendo el enemigo.
Pero creo que en esa batalla es donde esta el gusto o como dice un
tema de Deep Purple "no se trata de matar, es la emocion de la caceria"
Sds